He conservado a la niña con ternura y persistencia.
La he cuidado con dulzura, fresca flor de mi inocencia.
He resguardado los sueños de la playa tempranera.
Aguas y arenas doradas, para gustar, si quisiera.
Desde aquel lejano tiempo, noté distinto el jirón
de tierra, que se adentraba en océano seductor.
Yo atisbaba desde afuera, vestimentas y alegría
y las noches con sus galas que secretos escondía.
.
Hoy mi regreso es distinto, avenidas y chalés
y rascacielos cubriendo los arenales de miel.
Mis recuerdos son lejanos, o quizás están ya muertos .
Ya la niña se ha dormido. ¡Por favor no la despiertes!
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miércoles, 29 de diciembre de 2010
jueves, 23 de diciembre de 2010
¡Feliz Navidad!
Querría decir tantas cosas, pero podría herir el alma de los niños. Y aquel bonachón Santa Claus, o Papá Noel, barbado y alegre que hemos creado, no llegaría con su atuendo colorido.
Festejamos y no sabemos por qué, un nacimiento que seguramente no ocurrió en esta fecha.
El nacimiento de aquel en quien poco pensamos en realidad, el que aportó un don de espiritualidad, de desprendimiento, de paz, de amor, junto a su divinidad.
Sin embargo, no tenemos malas actitudes. Saludamos aunque sea una vez al año a los familiares que frecuentamos menos; incluso si están lejos, quizás le hagamos llegar nuestro saludo vía correo, i- mail o teléfono. Un recuerdo que sin dudas vive en nosotros pero se aviva en ese día. Una fecha tan especial, aparentemente tan cristiana pero…que hacemos tan pagana como la Roma Imperial.
Sin embargo, eso no lo advertimos; nuestras intenciones son las mejores y nos mostramos generosos cargando nuestros brazos con regalos útiles o innecesarios, superficiales o insignificantes, mientras volcamos nuestro amor y anhelamos el de los otros. Giran y giran tarjetas de crédito por doquier, al compás de las bellísimas y adornadas vidrieras Pero todos queremos transformar nuestro amor en algo visible y material.
Nos reunimos con la familia, no sin causar algún disgusto a otros familiares. Se ha entablado una competición acerca de quien gana a los huéspedes en ese día o las fiestas sucesivas.
El compromiso es más exterior que íntimo. ¿Acaso perdonamos a aquellos que nos han ofendido? ¡O hemos pedido perdón a quienes creemos haber lastimado nosotros? El que intercambiemos un sonriente saludo no significa que amemos a nuestros vecinos, en otro momento tal vez seamos más indiferentes.
En torno de mesas engalanadas según la posibilidad de cada uno, con alimentos diferentes a los de todos los días, y por supuesto que no han de beneficiarnos grandemente, nos convertimos en comensales glotones y egoístas, aunque hayamos acercado antes algún pan a otras mesas más vacías. No nos importa si el clima es adecuado, si estamos deseosos o no de esos manjares, algo nos obliga a engullirlos de alguna forma. La Navidad nació en otro hemisferio y nosotros imaginamos la nieve refrescante que por lo menos hará más gratas nuestras ilusiones. Los brindis suelen ser interminables,con o sin alcohol. Nos molestan los cohetes que tira eufórico alguien no muy lejos, y que irrita nuestra naciente susceptibilidad.
En la tarde, antes de la reunión, chocamos en las veredas, vamos de prisa derramando augurios de felicidad por todos lados, acaso sin reconocer los rostros. Esto es bueno, porque transitoriamente ansiamos la paz. Nos mostramos alegres aunque el alma se rompa en pedazos.
Faltan varios a nuestra mesa hoy y han de faltar para siempre. Sin embargo su recuerdo es tan tangible que hasta podríamos guardar un lugar físico para ellos.
Sabemos que hay enfermos, ya lo vivimos; hay presos que se enfrentan a sus actitudes anteriores, quizás estén arrepentidos o lo estarán mañana, hay doloridos del alma y nosotros marchamos en esa farándula inexplicable que nos fueron trasmitiendo otras generaciones, pero que nosotros dejamos crecer… crecer…indefinidamente.
Las fiestas, no obstante no nos traen serenidad. A veces nos disgustan. Las fatigas de los días previos, pueden hacernos descorteses, ofensivos…
Pasarán días, semanas y meses hasta que vuelva a renacer esta Navidad errónea y trastocada, en la cual aunque tengamos arboles coloridos, pesebres alusivos y algunos villancicos, Jesús será el gran ausente. Se sentirá fuera de lugar, utilizado, olvidado; transgredidas sus enseñanzas en esta fiesta del mundo que creamos para nosotros mismos.
Muchos tal vez, sin que nadie lo sepa jamás, den pan y alegría a un necesitado, otros quizás musiten una oración…No faltará quien se acerque a un enfermo solitario y desconocido, sin que su otra mano se entere de su dádiva o su consuelo. Pero no serán demasiados y jamás suficientes.
La Historia señala con honores alguna tregua inusitada y repentina entre feroces contendientes, como respeto a la Navidad, pero fue imposible que la misma se transformara en una cesación definitiva de las luchas. Cargamos nuestra imperfecciones, de las cuales la más peligrosa es la ambición desmedida.
Es muy poco lo positivo y rescatable en el sentido de esta fecha. La ruta la recorremos año a año, un camino que nos acerca más a lo terreno y a la carne, que al espíritu divino. Pero amamos a Jesús, sólo que el Mundo, las imágenes, la publicidad, la costumbre nos atrapa. ¡Qué pena!
Aún con mis reflexiones yo no escapo a la caravana. Querría que todos comprendieran. Tal vez lo hacen, sólo que pocos se detienen a decirlo. Y junto a mis actitudes iguales a las de todos, me detengo a pensar en el humilde pesebre y casi susurrando pido perdón, antes de decir,:¡Feliz Navidad!
miércoles, 13 de octubre de 2010
Oriente
Estoy aquí en este Sur, no tan Sur, ni tan ignorado. Un Sur no muy espléndido ni demasiado desposeído.
Ha pasado para mí la época de las migraciones. Si estuviera en ella seguramente no
optaría por la zona polar cercana, como destino.
Ave al fin, quizás trepara el meridiano y ascendiera por él hacia el Norte que me corresponde. Me detendría apenas en las selvas intrincadas y atemorizantes que me regalarían un poco de su oxígeno, atravesaría el cálido Caribe y curiosa e inconsciente seguiría desafiando los incipientes fríos. Tal vez rozara costas inhóspitas, glaciares peligrosos, antes de detenerme en el Círculo polar, límite casi infranqueable y culminación de todo viaje.
Otros nortes laterales e invitantes, no habrían de desviarme de mi rumbo, aunque engañadoras sirenas me llamaran con sus dulces melodías
Ese destino, está desde ya, desechado por mí.
Existe solamente una dirección hacia la que marcharía sin titubear: El Oriente.
Pero no hablo de un Oriente referencial, minúsculo, relativo, el oriente de algo.
Tampoco hablo del Oriente de Europa, de Asia, o cualquier otro Oriente seguido de preposiciones.
Mi Oriente sería absoluto e infinito. El Sol me esperaría siempre un poco más adelante, inalcanzable como la ollita rebosante de onzas de oro, que según el viejo cuento, espera al pie del arco iris.
Marcharía altiva, indiferente a las naciones, a las culturas, a las planicies, océanos y montañas. Pasaría por el Occidente que hoy rechazo, ya que para mí, habría siempre un nuevo amanecer y jamás un ocaso.
Y en ese giro incesante, volvería al Sur que amo y desde el que parto, curiosamente oriente referencial de un río. Si no llegara a él, sería porque soñadora y ambiciosa habría, desgarrado mis alas tratando en vano de alcanzar la luz.-
2006
viernes, 8 de octubre de 2010
Dualidad
Dentro de mí hay un amo. No sé si habita mi cerebro o mi corazón.Muchas veces lo advierto,otras contrariamente coincide y se funde con mi yo.Generalmente intenta evitar mis tropiezos o mis estrepitosas caídas. De su carcaj extrae múltiples saetas que me arroja como advertencias, las que no siempre, sin embargo,logran llegar a tiempo.
Mis palabras o mis gestos escapan con frecuencia, irreflexivas,impertinentes, no meditadas.Muchas veces antes que el pensamiento las rubrique.
Mi amo, desarmado,deja caer los brazos en señal de pesar e impotencia.
A pesar de la desigualdad de los tiempos, el aviso tardío llega al fin y si no ha logrado su objetivo me causa un sentimiento de culpa o frustración.
En realidad más que amo, mi poseedor es un mentor. Faro que se enciende prontamente ante mis tempestades interiores.Pero yo voy de prisa desconociendo los agresivos vientos que amenazan mi nave frágil y poco marinera.
Algunas veces estalla en mi interior cruenta batalla. Yo desafío abiertamente las leyes de mi guía. Deseo sentirme libre, transgresora.
Quiero volar hacia el éter aunque éste sea a la vez atrayente y atemorizador
A menudo diría, ambos coincidimos y la paz que fluye desde mi más recóndito interior se extiende hacia afuera donde hace eclosión en perfumados ramilletes de rosas o en plácido vuelo de blancas palomas.
Debido a mis rebeliones, temo que mi ángel interior me abandone un día cansado de mi personalidad cambiante.
Pero comprendo prontamente que eso no es posible. Formamos una dualidad única, precisa, indivisible, aunque a veces prime una u otra
Mi amo y yo vamos por la vida con golpes o complacencias, afrontando peligros, sorteando obstáculos, porque somos uno frente al Mundo y dejaremos de ser, al mismo tiempo, cuando llegue el momento del dormir.
Mis palabras o mis gestos escapan con frecuencia, irreflexivas,impertinentes, no meditadas.Muchas veces antes que el pensamiento las rubrique.
Mi amo, desarmado,deja caer los brazos en señal de pesar e impotencia.
A pesar de la desigualdad de los tiempos, el aviso tardío llega al fin y si no ha logrado su objetivo me causa un sentimiento de culpa o frustración.
En realidad más que amo, mi poseedor es un mentor. Faro que se enciende prontamente ante mis tempestades interiores.Pero yo voy de prisa desconociendo los agresivos vientos que amenazan mi nave frágil y poco marinera.
Algunas veces estalla en mi interior cruenta batalla. Yo desafío abiertamente las leyes de mi guía. Deseo sentirme libre, transgresora.
Quiero volar hacia el éter aunque éste sea a la vez atrayente y atemorizador
A menudo diría, ambos coincidimos y la paz que fluye desde mi más recóndito interior se extiende hacia afuera donde hace eclosión en perfumados ramilletes de rosas o en plácido vuelo de blancas palomas.
Debido a mis rebeliones, temo que mi ángel interior me abandone un día cansado de mi personalidad cambiante.
Pero comprendo prontamente que eso no es posible. Formamos una dualidad única, precisa, indivisible, aunque a veces prime una u otra
Mi amo y yo vamos por la vida con golpes o complacencias, afrontando peligros, sorteando obstáculos, porque somos uno frente al Mundo y dejaremos de ser, al mismo tiempo, cuando llegue el momento del dormir.
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