miércoles, 10 de enero de 2018

Apenas amanece el 2018. Llega precedido de muchos augurios y de muchas premoniciones. Sin embargo trae un traje áureo y luminoso. A veces por las noches derrama algunas lágrimas y gime o rezonga por un breve lapso. Es que es muy grande la carga que se ha depositado en él. Sabe lo que ha p                                                                                                                     asado con los años precedentes, los han tildado de injustos, variables, hasta terribles.
Un año malo, dicen quienes se sienten defraudados o son eternos inconformistas. Yo lo bendigo porque Dios me ha permitido pisar sus umbrales y ahí marcho entusiasta o tambaleante estrenando sus días.
Muchos como yo sabemos que el pobre año será pacífico y agradable si los hombres lo son, su economía  fluctuará según las circunstancias y la probidad de quienes junto a él vayan, sean gobernantes, dirigentes o simples ciudadanos.
Nosotros tenemos la obligación   de plantar en él las flores de la alegría, de la comunicación, de la gentileza, de la hermandad. Si queremos que otras generaciones posteriores lo alaben, pongamos en él el mayor entusiasmo y  energía
Olvidemos los resentimientos, veamos en cada persona que marcha junto a nosotros al prójimo que levantó al caído. No importan las ideologías, las nacionalidades ni las razas. Estamos juntos en este sendero y Dios no nos puso para juzgar, sino para andar juntos. Muchos podrán parecernos los errores o las injusticias que alguien comete, tratemos de no cometerlas nosotros. Al fin, cuántos son los que en estos ocho días han dejado de existir. Veamos lo afortunados que somos por disfrutar más días de este año. Dejemos todas las pequeñeces que crean enemistades.  Sepamos confraternizar; a nuestro lado marchan ateos, agnósticos, creyentes de múltiples religiones. Todos somos hermanos en esta tierra que desde todos los criterios, advertimos  que se deteriora  tanto, que posiblemente no tenga larga duración. Muchos pensarán que después nada habrá, otros que reencarnarán en seres desconocidos. ¡Si pudiéramos contagiarles nuestra fe! Oportunidades hay para todos, pero sería una pena que en un inconsciente optimismo se agoten los días de este año y de los que puedan sucederle sin pensar que hay, o por lo menos que pueda existir un más allá donde todo sea tan perfecto que hasta los que allí lleguen lo serán.
Todos gozamos de libre albedrío, para creer o no, para ser villanos o personas llenas de amor. Dichosos aquellos que pueden esparcir  luz en las tinieblas. Yo trato de aferrarme a la fe que me permita ver el esplendoroso regreso de Jesús. Hay millones que lo esperan desde diversos credos cristianos. De cada rebaño se salvarán corderos, más aun,  antes de la llegada muchos de los que hoy no creen, seguramente lo harán. Desde mi punto de vista desearía que ninguno fuera indiferente, pero mientras estemos en este flamante año o en otros que le sigan, recordemos que no tenemos enemigos aquí en la tierra sino personas equivocadas que agreden porque las circunstancias así los formaron, porque es muy difícil controlarlos. Enfermos de la psiquis o del alma. Seamos perdonadores y nunca vengativos.
Nosotros tenemos apenas el derecho de una sonrisa, de un gesto amable, de un perdón o de alcanzar al necesitado el pan para su día. Entonces miraremos con gratitud a este año que nos han regalado para vivirlo en paz.


miércoles, 19 de octubre de 2016

El Verbo

                         El Verbo
Fuiste tú la palabra, acción y sustantivo.
El Verbo sin pasado, pues desde siempre eras
Tu nombre que es emblema de dulzura infinita,
de sacrificio y gracia.¡ Hasta la cruz fue emblema!

No es fácil comprenderte  aun leyendo la historia
que aclara con palabras las dudas que me aquejan
¡Oh Señor! El misterio de tu amor  generoso
Lo acepta nuestra fe, no lo capta la mente.

Vemos que todo pasa, en la tierra que habito,
aunque haya sol y luna, se mezclan temblorosas
las culpas de los otros junto a las culpas mías

Por eso yo te imploro, sacudas corazones,
para hacerlos más dulces, especialmente el mío
tengo sed de apoyarme un instante en tu hombro.


                        

Rejas

                                                                 Rejas

Una vez se erguían las fortalezas…Ellas defendían de atacantes externos, oponentes bárbaros o desconocidos.
Hoy nuestro pueblo se ha vestido de rejas. Los atacantes pueden morar entre nosotros o venir furtivos y solitarios en las noches o amaneceres o mediodías. Un peligro latente hace que en nuestra tierra las casas se refugien tras rejas elevadas. Se esconden las iglesias, las escuelas, los comercios y los asilos. Las ventanas ya no lucen los postigos de madera o alegres y adornados balcones. Sólo el hierro apunta en lanzas variadas hacia un cielo gris y desconfiado.
Sin embargo, nada detiene al ansioso drogadicto o al ladrón audaz que prefiere arriesgarse antes de dedicar algunas horas a un trabajo para llevar al hogar un pan honesto, sabroso y bien ganado.
Las rejas están. Pintadas de colores generalmente oscuros, y con formas diversas según el gusto del propietario o del forjador.
Pero a mi paso aparece una linda casa con su coqueto muro que no sobrepasa el metro y que termina con una reja baja con infinitas lanzas agudas y amenazantes. Cualquier hombre o joven osado encontrará la forma de sobrepasarla. Para eso ingenio y métodos no han de faltarle si está decidido a llegar a la casa. Pero tenemos que pensar, con mucho dolor, que la delincuencia por un fenómeno inexplicable, ahora empieza muy temprano.  Niños y adolescentes portan armas y las usan con tino o sin él. Seguramente la inconciencia de su edad los hace más temerarios que los adultos.  A pesar de que sean rateros, o ladrones experimentados, no puedo, y no quiero imaginar sus cuerpos atravesados por esas lanzas arrogantes y peligrosas. Quizás un niño inocente se atreva a saltarlas en busca de una pelota que pudo accidentalmente caer en el patio protegido. Incluso un familiar, amigo, o vecino de los dueños, en un afán de sortear riesgos extremos puede ser el herido.

Mi casa no tiene rejas, ni portones, No deseo sentirme prisionera de mi propia casa, aunque me juzguen descuidada. Aparentemente lo soy, pero sin riquezas y con muchos años vividos confío en que Dios me guarde con un invisible vallado de todos los peligros, si así lo quiere. Parecerá irracional mi posición para aquellos que muchas veces han sido víctimas de ataques o intromisiones en sus viviendas. Incluso muy lógico me parece que deseen protegerse. Sólo pido que hagan altas las rejas que necesitan. Altas y seguras, porque a mí ese cortejo de lanzas afiladas me infunde miedo, miedo a los accidentes infaustos que pocos prevén pero que  ocurren.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Juntos hagamos que el 2016 tenga más amor



¡Un año que fenece y otro que nace.!
Para mí una instancia repetida muchas veces.Es cierto que no le he achacado demasiadas culpas a todos los que se van, y no he depositado exageradas esperanzas en aquellos que se inician.
Los he visto pasar con la indiferencia que me producen las fiestas repetidas. Con un dejo de cansancio más que de melancolía.
Creo que desde mi niñez he demostrado poca alegría y menos expectativas en  estas instancias.
Sin embargo hoy me he puesto a reflexionar, y justamente porque ya han sido demasiado repetidas, me he dado cuenta que quizás no sean tantas las que vuelva a vivir. Son otros tiempos diferentes los que se acercan, aquellos que pueden marcar la eternidad o dejarme en la nada para siempre.
Pero pienso que todavía me regalan algo de tiempo y es justo que recapacite en estas transiciones. El año que se va, lleva la carga de mis insatisfacciones pero la marca de mi  inacción.
He desperdiciado días y meses  sin darme cuenta que  que pude haber logrado más. Contribuir a que el año fuera menos duro, menos ingrato, más generoso,más altruista,en fin, mejor.
Tal vez los países están convulsionados, los gobiernos han sido desacertados, ni yo sola, ni la mayoría de los habitantes de la tierra  habríamos podido detener las guerras, los atentados,las muertes en las rutas, los suicidios  ni los robos.Pero carecimos de la calidez, de la tolerancia, del perdón.
Anduvimos un tiempo sin comprometernos.Es cierto que personalmente ayudé a algún niño a hacer mejor los deberes escolares, a enseñarlos a hablar y escribir mejor, a recobrar los buenos modales porque vengo de otros tiempos donde eso era muy importante.Quizás socorrí a alguien sin recordarlo y no dejé que ningún vendedor que llegara a mi casa se fuera sin dejar algo de su mercancía. Alabé a quien hizo obras de bien, al que fue  amable, agradable, al que acortó mis tardes con su simpatía o su afecto.Pero eso lo hacemos  casi todos .
 .Ahora debo pensar diferente. El nuevo año será mejor, si  yo lo soy, será agradable si sonrío, será menos duro si olvido los errores ajenos y los míos
El panorama no parece muy auspicioso, es posible que vengan momentos de mucha austeridad, que nuestras arcas estén vacías o empobrecidas.La culpa posiblemente no es  mía,ni exclusiva de ninguno pero nada ganaré con quejarme,o reprochar.Pongamos el hombro, la paciencia,la resignación y el esfuerzo para que el año que está a la puerta sea menos tenebroso que lo que imaginamos y no olvidemos nunca que de todos los mandamientos que figuran en el Decálogo o las palabras del Maestro no hay ninguno mayor que el amor.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

VA EN CAMINO A SER LUCERO


Era la niña un suspiro,
luciérnaga, en dulces brazos.
Una gota de rocío,
de lucero, la esperanza.
Era la niña dormida…
Un temor  con muchas causas
Era entre brote y semilla.
Un silencio sin palabras.
Frágil era, más que un lirio,
Y cual candil se apagaba.
Fueron ruegos, tibias alas…
Era del cielo la niña
ángel que apenas luchaba
Pero Dios  hoy la bendijo
Y es capullo sonrosado.

                     15 de septiembre de 2015







miércoles, 9 de septiembre de 2015

Del libro Tiempo de Recuerdos (1987)

                                        Reflexiones a manera de introito


Hoy he roto no sé qué Mundo de inhibiciones y temores y he resuelto escribir un libro.
¡Qué ampulosa palabra para designar a este borrador en el cual trataré de transformar en palabras todas  aquellas  ideas, pensamientos y recuerdos que han danzado en mi mente durante tantos años!
Quizás pueda encauzar en él mis inquietudes y mis aspiraciones desconocidas aun para mí misma.
Dijo alguien que un hombre debe tener un hijo, plantar un árbol, escribir un libro… Pienso en el ser humano, hombre-mujer, y quiero confundir al hijo con el árbol. Entonces puedo decir con cierto orgullo que he plantado dos árboles, arraigados con amor en éste y otro suelo.
Por ello sus raíces han de extenderse ávidas hasta alcanzar las vertientes más profundas, las que habrán de fortificarlos  proyectándolos en ramas fuertes que puedan ser pródigas de frutos.
Para esos mis árboles, para ellos mis hijos, escribiré mi libro.
El futuro, su futuro, será más claro y luminoso si sus plantas se afirman  seguras y  orgullosas, sobre la base firme de seres anónimos que día a día construyeron  una época.
Será esta la historia de nuestra familia, de nuestra pareja, de nuestro hogar y ¿por qué no? De aquellos ancestros que la crónica o el contar memorioso de algún familiar pudieron rescatar del olvido.
Será la historia de una de las tantas familias que no ha de figurar en enciclopedia alguna. Sus hechos, ni magníficos ni deplorables se van perdiendo inexorablemente. Pero quedarán nombres, para que algún día una bisnieta curiosa, pueda asomarse a esta ventana de recuerdos y allí, empolvados, encontrarlos. Al hacerlo, sentirá renacer la historia de otros tiempos y los lazos de su misma savia                        

martes, 8 de septiembre de 2015

Del libro Tiempo de Recuerdos

             

                               Aires de Medioevo (Fragmento)


¿Cuándo aparece el apellido Vaccaro ligado al nombre ilustre de aquella ciudad que  guardaba milenios y escondía innúmeros sucesos?
Nadie lo sabe. Solamente  aparece unido indisolublemente como los minerales y los fósiles al suelo de Este
Adquirió del mismo la fuerza de la raza entera que luchó por poseerlo. Qué importancia puede tener un apellido más cuando la región estense muestra su magnífica e insólita supervivencia.
Fueron muchos seguramente los grupos étnicos, como muchos y variados los ciclos de esplendor y decadencia, pero el suelo fue uno solo, y fue rico y deseado tanto que aprisionó a las más diversas generaciones.  Las hizo suyas transmitiéndoles su energía,  integridad, el valor y trabajo callado y sin ostentaciones.
Modestia. Entusiasmo. Economía. ¡Castillo y Fortaleza!
Uno más entre aquellos dignos  estenses el primer Vaccaro que allí se asentó construyó su casa. No importa si atravesó distancias para afincarse allí o si nació de la tierra, semilla  fecunda y generosa.
Este y Vaccaro serán en la familia un lazo único y permanente.
Alguien, buscando cierta vez,  los orígenes del patronímico, obtuvo extraños datos, que parecen leyenda, de un pirata hispano que desde el Mediterráneo y a través de la bota itálica llevara hasta el norte su apellido.
El misterio de las emigraciones y del contacto entre pueblos diversos no es fácil de esclarecer, por lo mismo nos basta saber que si no legítimos, por los menos fueron estos Vaccaro, hijos adoptivos de esta región  y que su larga permanencia en la zona  les confiere la más auténtica carta de ciudadanía que los acredita como vénetos.
A pesar de lo dicho, intentamos rastrear algo concreto, medianamente cercano. Encontramos apenas documentos raros, escapados al afán utilitario que convierte  los libros preciados en papel anónimo en tiempos de guerra. Los mismos aparecen en archivos desmirriados, empobrecidos que no pueden revivir plenamente los hechos de una comarca.

Entre esos legajos escasos, familiares diligentes encuentran nombres y fechas acerca de los Vaccaro que llegaron a Pan de Azúcar por los cincuenta y de otras gentes que con ellos entroncaron…

lunes, 7 de septiembre de 2015

De "Tiempo de Recuerdos"


Fragmento del Capítulo: Perfume de Antaño


El arroyo serpenteante forma una rinconada y se esconde tímido entre sauces y mataojos ribereños. Y en aquel valle perdido en las proximidades de la” Calera del Rey” construye su casa Justa Meneses, quien recibe de su padre apellido y tierra y de su madre, Mercedes Núñez((portuguesa) voluntad y tesón.
Justa se ha casado con Juan Pereira, gaucho pobre a quien los padres legaron tan sólo recuerdos de  épocas mejores. Solares de abuelos perdidos por engaños, quitados con fraudes.
Relojes apurados  marcando horas futuras. Hipotecas vencidas  antes de cumplirse el tiempo señalado .Remates injustos robando tierras fértiles a legítimos dueños.
       Así Juan,  no recibe  los campos que Ángel su padre, hubo del abuelo Tomás que allá por el mil setecientos ochenta fuera uno de los primeros vecinos de esta costa del arroyo. Las tierras ahora son ajenas y Juan Pereira, sin otras pertenencias ni más raíces que las que lo ligan  a las cuchillas y a los valles del  pago, aporta al hogar horas de trabajos variados y de ausencias largas.
Justa Meneses levanta paredes y espera sus regresos. Forma el nido Cuatro hijos varones le nacen en el valle: Juan, Jacinto, Ángel y Eduardo.
Ángel María , el tercero, verá la luz en mil ochocientos sesenta y siete, cerca suyo, casi en la falda de un cerro prominente nace una población, primer signo de urbanización en las cercanías .
Pan de Azúcar extiende su jurisdicción hasta alcanzar sus campos y transponerlos.
Ángel María se ha casado con Gregoria Serrón nacida en tierras vecinas. Era ésta la hija menor de Ramón Serrón de larga trayectoria en luchas partidarias y de Luisa Castro de ascendencia portuguesa.

Ángel compra a su madre las tierras, las últimas veinte cuadras, en realidad diecinueve, porque ella reserva una y la casa .Sin embargo de los catorce nietos que les dará la nueva pareja, no alcanza a conocer a Juan Angel, el primero que ya estaba por nacer. 

De mi libro "Tiempo de recuerdos",publicado en 1987

 (Fragmento del Capítulo: Huellas de misterio)

El Sauce, arroyo plácido corre entre sauces y sarandíes y a su vera vetustas paredes de piedra se alzan silenciosas.
Los Silveira y los Plada han levantado los muros de sus respectivas viviendas junto a las riberas. Son vecinos en el “pago” tierras quebradas encerrando misterios y mitos. De mi primer libro :”Tiempo de Recuerdos” publicado en 1987

¿En que lugar del tiempo se confunden Historia y Leyenda? Sólo sabemos que de ese período llegan narraciones fantásticas. Visiones inesperadas de cirios encendidos, huertos arrasados, ramas retorcidas…
Acaso fantasmas charrúas flotando posesivos sobre las colinas, o  aquelarres en el claro del bosque en medianoche alucinante. Magia negra escapando de la apurada maleta de un viajero fugaz y tenebroso? El medioevo trasplantado de Iberia a América en aquellas mentes sencillas y resignadas. ¿Demonios? ¿Quién los trajo? ¿Cuándo se fueron? ¿O surgieron tal vez en tardes aburridas y noches interminables de mentes supersticiosas?

En ese clima  difícil y huraño que vuelve hostiles las tierras feraces ambas familia crecen, se hacen ricas en trabajos e hijos. La mera vecindad se convierte en familia cuando Jacinto Silveira elige a Gertrudis Plada como esposa. Atractiva, ésta lo deslumbra con  sus trenzas rubias y sus ojos claros. Después de un tiempo logran progresar arrendando campos en la solitaria falda del Betete, para entonces ya tienen dos hijas,  Ubaldina y Jacinta. La esposa es fuerte y firme, ningún trabajo la arredra Y así un día regresan y se acercan a solares paternos, han progresado. Compran tierras con un cerro pequeño matizado de frondas: y allí casi en el otero, alzan paredes sólidas que encierran salas amplias y acogedoras .Jacinto se dedica ahora al ganado, ovinos, lo que les permite una vida cómoda y desahogada. Las hijas son jóvenes ahora. Sienten la falta de un hijo varón que no llegó. Un niño espera cerca, en un hogar generoso de hijos sin padre. Andrés Márquez es su nombre. Los esposos no vacilan en adoptar a aquel niño que  esperen llenará el vacío…

martes, 14 de abril de 2015

Un día  me atrevi a crear este blog, impulsada por mis nietos.Me sentí atrevida al tomar un espacio ,generoso, que podía usar a mi albedrío.
Pasados mis setenta años y enfrentada a la soledad que deja la partida del compañero,dediqué más ratos a escribir.La máquina estaba muy estropeada y pensaba reemplazarla cuando mis hijos me dijeron:-"Mamá ya nadie compra máquinas de escribir, lo que debes hacer es comprar una computadora" La idea me pareció descabellada. ¿podría siquiera intentar entender cómo funcionaría ésta? Ya era bastante mayor, pero ellos me facilitaron la adquisición de una y se pusieron inmediatamente a enseñarme. La única prohibición era decir -No puedo.
     Quizás algo de audacia que había permanecido dormida en mí, despertó de golpe y me dije ¿Por qué no?
Con interés atendí las instrucciones de mi hijo y de un nieto muy insistente, así como de todo el resto de la familia y comencé a poner caracteres en el Word que era lo único que me interesaba. Yo reemplazaba así la máquina desechada. Lo que escribía era sólo para mí, privado, como mis carpetas donde guardaba divagaciones y poemas.
Pero al pasar los meses hubo alguien,  siempre en el contexto familiar, que me dijo ¿no quieres abrir un blog? Ni siquiera sabía qué significaba eso en este artefacto alucinante.
Lo cierto es que mi timidez iba desapareciendo y me encontré escribiendo en otro sector. No eran textos nuevos sino extraídos de páginas que guardaba con celo. Tenían valor sólo para mí.
Es cierto que desde adolescente me había gustado escribir algún poema, quizás inspirada en mi vocación de recitadora, que quedó detenida luego de mi noviazgo y posterior casamiento.
Me hubiera gustado que muchas personas visitaran mi página para decirme si en realidad tenía algo de valor, pero no lo publicité, lo mantuve casi en la oscuridad aunque tres o cuatro curiosos incursionaron en ella aunque sin dejar una opinión.No he querido cerrar este blog,porque significa algo para mí,nada más.Y jamás he pretendido alcanzar la categoría de otros que he visitado. Ahí está,con alguna incursión esporádica,cuando creo que tengo algo que decir o se me han nacido algunos versos,cuando mi emotividad me lo permite. Hoy con una fe muy fortalecida en Jesús,las palabras me parecen a veces excesivas,Ha decaído un poco mi espíritu algo combativo cuando mis conviccciones son fuertes.Me he vuelto un poco más tolerante,pero arrastro todavía algunas asperezas que sería deseable suavizar para que Dios me acepte.para el después...

miércoles, 28 de enero de 2015

¡Voten!

Quien no vota no tiene derecho a criticar
Nosotros  poseíamos una verdadera cultura cívica y ciudadana. Espero que todavía la conservemos, pero cuando las elecciones son solamente entre los partidos somos indolentes para votar. Los jóvenes desconocen cómo se formó la Patria. A punta de lanza y arrojo fue. Los primeros presidentes nacieron apoyados por sus divisas a caballo y luchando. De la misma manera fueron vencidos por los contrarios. No hubo un plazo legal para su permanencia, apenas la oposición de su oponente que con espada o sable, se auto proclamaba vencedor.
Cada uno con sus seguidores.
Llegaron luego los presidentes elegidos de manera irregular a veces y derrocados por algún militar que con razón o sin ella se consideraba mejor conductor. A medida que pasaban los años, los planes de gobierno iban naciendo. El pueblo se dio cuenta que era posible elegir a personas preclaras, ilustradas, competentes. Y como hoy, éstos tuvieron sus adeptos y sus detractores. Creo que hubo algunos más iluminados que otros, no es el caso mencionarlos, pero el país marchaba por sendas firmes hacia la República democrática que anhelaban.
Sin embargo a veces las divergencias eran tan agudas, que algún presidente se transformaba
en dictador. Conocimos gobiernos de facto, que dejaron huellas hondas. Sabemos que ese no es un camino promisorio, pero hay ambiciones de todas partes, hombres que se han olvidado de su juramento de lealtad o que se han vuelto anárquicos y revoltosos dando pie a que esos gobiernos no constitucionales surjan, y luego tengan pereza o no saben cómo irse. No es solamente nuestra realidad. Ha sido el estado permanente de América desde su independencia. No obstante todos estos fracasos, nuestro republicanismo ha perdurado y ha servido incluso de ejemplo para algún país europeo que decidió   sacudir y abolir su monarquía.
Estos razonamientos previos me nacieron cuando observé el poco interés que muestran algunos ciudadanos en esta ocasión . ¿El voto es obligatorio? Preguntan. Si la respuesta es negativa, se arrellanan en sus sillones a disfrutar plácidamente de un domingo
como todos. Que hace mucho frío. El catarro los aqueja. Aparentemente la lluvia está al caer. Deben viajar lejos porque no son oriundos de los departamentos en que hoy viven. Es fin de mes y ya los pesitos escasean…
Sin embargo es prioritario que mediten si están contentos con el gobierno actual, si lo están deben darle un voto de confianza. Estas elecciones son preliminares, apenas para que cada partido se organice según las preferencias populares.
Quizás hayan advertido que algunos cambios serían necesarios. El voto es el único instrumento que puede lograrlo. ¿Discrepan abiertamente? Entonces piensen cómo pueden ayudar a su partido opositor a tener más posibilidades. ¿Conocen el plan programático de cada sector dentro del partido que les simpatiza? Todavía no es demasiado tarde, busquen en sus computadoras, ya que la propaganda ha cesado  por ley hasta después del domingo. Lean los nombres de integrantes de todas esas listas que seguramente les han hecho llegar de todas partes, quizás conozcan a algunos o hayan oído hablar de ellos. ¿Son personas de bien, políticos muy reconocidos y capaces? No importa si son amigos suyos o no, basta con que sean considerados aptos, justos, inteligentes, abiertos, demócratas. Y que  ustedes sean también abiertos al seleccionar. No será a los más apuestos, a los más simpáticos, debe ser a los más confiables según su inteligencia y su rectitud. Deben votar a aquellos que hablen poco pero digan lo que usted está esperando.
En nuestras cámaras y en otros tiempos figuraron elocuentes miembros que dieron cátedra, fueron poetas, escritores dotados del don de la palabra, que incluso ocuparon luego, cargos de relieve en Organismos Internacionales
Sin embargo el mundo se ha sacudido muchas veces, y se han desatado guerras y surgido dictaduras provocadas  por personas sagaces que sabiéndose poseedores de la palabra que convence u ordena, han sido las voces más mentirosas y malignas que el mundo ha conocido. De este orador deberán estar prevenidos, alertas. Si lloran opresiones pueden estar mintiendo, y si ofrecen imposibles con voz azucarada o autoritaria, desconfíen, nadie sabe quién está detrás de ella.
Pero este año es año de elecciones, serán varias, y no declinen la facultad de participar.
 Si  no es obligatorio votar, considérenlo un derecho, y en todos los casos los derechos deben ser aprovechados cuando se trata de obtener una patria libre, generosa, atenta a las necesidades de sus hijos, segura y culta. La obligación debe estar en su razonamiento y en su corazón
Yo no soy política ni estoy pidiendo su voto para el sector que me convence. Simplemente le pido que con la credencial en la mano, haga honor a su derecho de Ciudadano: ¡Levántese y vote!.






domingo, 27 de julio de 2014

Siempre en julio

Y yo otra vez aquí
en la plomiza tarde.
junto  a costa marfil
de este mar acerado

 Yo que añoro los soles
del cálido verano
extraño los colores,
y el vuelo de las aves.

Y aunque este nido es tibio
tiene un algo de celda
es que el frío me impide
acercarme a la acera

Sueño campos huraños
sueño leños ardiendo
aunque el frío me acobarde
y los huesos no entiendan

La ciudad está quieta
La calle está dormida
Las casas están muertas
Y sus hijos se han ido

Luchan en sus trabajos
Por ganar el sustento
Y los nietos se encauzan
entre estudios e intentos.

Siempre escribo en la tarde
cuando me siento sola,
Cuando Aquiles descansa
cuando mi pluma llora.

Y en verdad no estoy triste
ni mis zapatos lloran
“Hace poco, viniste
me dicen: calla ahora”

Hay una paz que busco
en estas suaves horas
y encuentro aquí mi musa
donde faltan aromas.

Perfume de los campos,
ladridos de los perros
rugido de motores...

nostalgias en el viento

sábado, 19 de julio de 2014

RECUERDOS PARA UNA BANDA


Museo Regional Alvaro Figueredo de Pan de Azúcar. Nuestro paso se detiene allí, frente a la que fuera casa natal del Poeta.
    Restaurada y embellecida luego de largos años de abandono, durante los cuales, habitantes circunstanciales, no supieron detener las huellas del tiempo, implacable desgastador. Hoy es un nuevo y atractivo centro cultural de la zona.
Nos sentimos motivadas profundamente y, entrecerrando los ojos con un algo de nostalgia,
vemos renacer en la alta puerta el aldabón y el buzón de reluciente bronce. Sin   saber cómo vamos introduciéndonos en una parte importante de nuestro ayer.
     En aquel nuestro pasado, el poeta no es el niño que corre por las espaciosas salas, sino el maestro y profesor que, a la vuelta de la esquina ha construído el hogar donde se refugia con frecuencia para dar curso a su fecunda creatividad.
     La madre no es ya la joven señora que lo acuna con amor, sino la venerable anciana, que muy cerca suyo, disfruta la proximidad de los nietos.
     Para nosotros, entonces, ésta, la de General Artigas casi Francisco Bonilla, es la casa del “Maestro”.
     Nos referimos  a un maestro que habitó en ella más de diez años, acompañado de su esposa. Alguien que no llevaba el apellido Figueredo o Bonilla como los propietarios.   Un inquilino apenas, que no se dedicaba  a la aritmética ni a la gramática. Era un maestro de Música,  que llegado en 1942, tuvo como cometido el crear una Banda Popular en la Villa.
 Quizás parezca extraña esta mención, pero más curioso aparece el pretendido desconocimiento de ese hecho.
   Es imprescindible sacudir estos casi cincuenta años de olvido, para que muchos hombres de hoy se reencuentren integrando aquel grupo primigenio  de músicos principiantes. Sin dudas, así, sentirían renacer parte de su juventud.
Insistimos pues, en afirmar que, en la década de los cuarenta surgió, no en virtud de una varita mágica, sino de hábil batuta, la BANDA POPULAR DE PAN DE AZÚCAR.
Previamente existió, por supuesto, el espíritu de un núcleo  de conocidas figuras de la comunidad que pusieron su empeño para concretar aquello que al principio fue  apenas una tímida ambición. Formóse una Comisión que según reza el acta primera, fechada el 15 de diciembre de 1941, estuvo integrada por Doña Isabel Núñez de Abal, Máxima P. de Núñez,                                                                      
Rosa G. de Demartino, Aurita de Alles, Inés Goicoechea, Santiago de Alles, Eduardo Becco, y Lázaro Palacio Núñez.
El acta  número dos, pertenece al año 1942 y menciona la renuncia de la Señora Demartino que se traslada a la Ciudad de San Carlos. A continuación informa que el cargo acéfalo es ofrecido  al Señor Intendente Departamental Don Félix Núñez, quien lo acepta. También indica que la Junta Local contribuye con quince instrumentos musicales, bastante deteriorados.
El año siguiente será el de las concreciones. Instrumentos restaurados, adquisición de otros nuevos, elección de un maestro entre los varios que responden a un aviso publicado en el diario capitalino “El Día”, así como la apertura  de un registro  para aspirantes a músicos.
    El Maestro Emilio Coccioli Castello pasa a residir en la localidad.
Muy pronto logra maravillas, haciendo  que los aprendices, veinticinco jóvenes, algunos de ellos apenas adolescentes, ejecuten con soltura y precisión. Pocos meses después la banda es ya una realidad.
El hecho sorprende gratamente a Intendente y Comisión, aunque ellos confiaban desde el comienzo, en la capacidad de aquel músico experimentado  dedicado y laborioso. Más aún con una amplia trayectoria anterior.
Radicado desde muchos años atrás en el país, había destacado como músico, creando otras bandas y desempeñado diversas e importantes actividades.
Original de la ciudad de Lecce  (Italia) poseía la inclinación musical, tan común en esa zona del Mediterráneo. Allí había adquirido su formación primera, perfeccionada en otras ciudades de la Península, entre ellas Ferrara.
Al principio la Banda contaba con dos bajos, dos bombardinos, tres trombones, un requinto, un redoblante, un bombo, platillos, tres pistones, una flauta, seis clarinetes y cuatro geny.
A partir del momento de su formación se pensó en un debut importante. Para el mismo  fueron creadas comisiones auxiliares. Así, en febrero de 1944 se presenta con un éxito total en una hermosa fiesta que tuvo lugar en la “Sociedad Recreativa La Trilla”. Luego de esto, no hubo celebración patriótica o de otra índole en la cual aquel grupo de muchachos vistiendo elegantes uniformes azules, guantes blancos y gorra con visera no participara.
Tomamos al azar una nómina de pago, escrita con la cuidada e inconfundible caligrafía  del maestro. Pertenece al año 1946, pleno auge de la banda.
   Allí encontramos los siguientes nombres: Dante Aguirre, Édison Salaberry, Yamandú Goicoechea, Héctor Albónico (h.), Regino Bargueño, Armando Miraballes, Raúl Barbarita, Sergio Cabrera, Miguel Angel Bonilla, Omar Barragán, Rubí Gutiérrez, Osvaldo Plada, Juan Martínez, Herman Ágner, Miguel A. Carrasco, Cándido de León, Asdrúbal Suárez, Edgardo Díaz, Juan y Sergio Monfort, Willy Ágner, Raúl Buzó y Saúl Martínez. 
No figuran en esta lista los nombres de varios de los primeros músicos como JulioFonseca, Lino González, Javier Silva, Miguel Cursach, Victorio Escobal y Américo Dorrego.
Tampoco aparecen los nombres de otros integrantes que recordamos pertenecieron a esta banda  y que sin duda están incluídos en nóminas de otra data. Entre estos últimos  figurarían Silvestre Núñez, Ismael Bonilla, Nelson Cabobianco, Carlos Ferreira, Cayetano y Hugo Golfarini, W.González, Amado Fernández.  
Por entonces la banda era requerida constantemente. Se presenta en Maldonado, Garzón, Aiguá.
Debido a este éxito, las inquietudes musicales aumentan. Surge así una orquesta formada por varios de los miembros de la  banda que aprenden a ejecutar otros instrumentos, guitarras, violines, piano, acordeones.
Más tarde una orquesta de niñas acude a los actos de clausura de cursos, de las distintas escuelas de las cercanías.
  Haciendo gala de versatilidad y dinamismo el maestro dirige el coro de la Escuela N.6 y de otras del Departamento.
A su casa  acuden numerosos niños que tratan de aprender a sonar variados instrumentos y adultos que desean aprender canto lírico
Muchos niños logran su objetivo y surgen en ese período varios profesores.
No dudamos que no pocos comparten nuestros recuerdos, otros se han alejado de nuestra ciudad, y algunos lamentablemente se han ido físicamente para siempre pero están confundidos en aquel ayer que rememoramos con singular cariño.
Formóse una especie de familia que compartía horas de estudio, alegres fiestas de cumpleaños, algarabías, risas y llantos frecuentes en los días de niñez.
Entre muchos, surgen nombres nunca olvidados como los de Dora De León, Mary Goicoechea García, Teresita Blois, Mabel Batista, Norma Sierra, Nubia, Marta y Susana Araújo, Álvaro Tell y Silvia (Chispa) Figueredo, Oscar y César Bonet, Luz Sención, Zulema de León, Zulma Galleto, Marta Bargueño, Tito Goicoechea.
  .   
En aquel período se efectúan, incluso, exámenes conciertos, verdaderas galas, vestidos largos, trasmisiones en directo por  la entonces  única radio del departamento.
Pero el mundo va de prisa, todo es ya muy lejano.
El ejecutar en la banda  es para algunos solamente un pasatiempo, un enriquecimiento cultural para otros, un trabajo atrayente  para los menos.
Llega un momento en el que decae el entusiasmo. Han pasado primaveras y aunque el elenco no es estático, sino que ha ido renovándose, los adolescentes van convirtiéndose en hombres que adquieren nuevas obligaciones en busca de  su futuro. La Banda se reduce en número de componentes y la Comisión formada ahora apenas por cuatro miembros, de los cuales sólo Don Félix Núñez y Juan Angel Pereira estaban desde los primeros años, se enfrenta a la triste misión de reconocer que el empuje primero es un pálido recuerdo. Que el otrora brillante conjunto musical ha dejado de existir. Es entonces diciembre de 1953.
    De todo aquello, aparte de esta emocionada memoria, porque tuvimos la fortuna de vivir de cerca su desarrollo, quedó una suma de dinero que, por voluntad  de una comisión creada a posteriori de la disolución  del grupo musical, es destinada, casi diez años después, a engrosar los fondos con que habría de erigirse el monumento  a José Artigas en la Plaza 19 de Abril.
Con el fin de la Banda los esposos Castello se trasladan a Montevideo, donde a consecuencias de una enfermedad crónica, agravada por el incesante ir y venir  en los años de trabajo intenso, fallece el Maestro en diciembre 29 de 1955.
Hoy, opacados por la pátina de olvido y de tiempo, algunos instrumentos reposan en un rincón  de la Casa de la Cultura de Pan de Azúcar. Rescatados de un peregrinaje por otras ciudades del Departamento, son  ahora un mínimo testimonio de la grandeza que vivieron.

    Nosotros, cada vez que oímos las notas de un violín, los acordes sonoros de un piano, la bella voz de un cantante entonando un aria de Verdi y, por supuesto, el paso marcial de una banda, revivimos la pequeña figura del maestro, invariablemente  vestida de traje, camisa de cuello casi duro, donde destaca la siempre renovada corbata, botines finos y lustrosos… y vemos la alta puerta, de bronces refulgentes, tras la cual nació, brilló y murió aquella inolvidable Banda Popular de Pan de Azúcar.  

viernes, 18 de julio de 2014

      RETAZOS DE UNA DÉCADA DE HISTORIA. 

   Papá llegó a casa con una heladera pequeña y blanca. El mueble en su exterior era de madera laqueada. Cuando abría la inmensa boca que era la tapa,  solía tragar vorazmente gruesas y prismáticas barras de duro y traslúcido hielo. Tal vez corría 1947 entonces. En nuestra  calle, algo más al Oeste, el señor  Razquín   tenía una fábrica de hielo que abastecía a la Villa y zonas adyacentes.
Nosotras, mamá y yo, miramos complacidas y algo orgullosas la nueva adquisición. En el otro extremo otra boca se abría con más frecuencia para engullir astillas de leña que prontamente se volvían ascuas encendidas. Era la cocina económica  que lograba guisados exquisitos y ofrecía plancha y horno para cocer churrascos, pan y asados. Ésta era casi un lazo  que nos unía a tiempos pasados. Hacía mucho que se utilizaban cocinas eléctricas.  También conservábamos en un lugar  privilegiado al reluciente calentador a queroseno, legítimo Primus sueco, de hermoso bronce. Mi papá  lo había aportado al casarse, luego de haberlo usado  en años de soltería.     
   En cambio habíamos desterrado definitivamente a los antiguos braseros.
   Por aquel tiempo llegó  una tarde a nuestra esquina  un camión cisterna. Un hombre con un megáfono invitaba a que  nos acercáramos con un recipiente adecuado, para volcar allí  aquel líquido  perfumado, burbujeante y oscuro.
¡La Coca Cola había llegado a nuestro barrio!  Todos corríamos presurosos  para aprovechar aquella dádiva promocional. Hoy no recuerdo si antes la había saboreado, pero en cambio reveo nítidamente las fotografías publicitarias que aparecían en múltiples      revistas. La Selecciones del Reader,s Digest  que  yo leía a menudo mostraba reuniones con niños, jóvenes y ancianos gustando la refrescante bebida. Yo había nacido en la época de las pequeñas gaseosas con el atrayente cierre de bolita, antecesora de la Limol.
En el mismo período ya habían entrado al país  y por supuesto también a nuestra comunidad  las legítimas Frigidaire, de origen USA. que como por arte de magia sabían crear en pocas horas, cubitos de hielo. Los primeros afortunados propietarios de los refrigeradores,  solían usarlos en su máxima potencia. Los alimentos quedaban fríos en exceso. Las frutas  servidas en la mesa aparecían opacas  y llenas de minúsculas gotitas ante el cambio de temperatura. Pero lo que era peor a veces  las sentíamos agresivas.
  Recuerdo la sorpresiva y desacostumbrada invitación  que me hiciera la madre de una compañera para pasar a su casa a  paladear un helado casero, “hielito coloreado”igual al que hoy llamamos despectivamente helado de palito, porque incluyen uno para ser asidos. Agua y azúcar en demasía, que más que quitar la sed parecen provocarla.     
Nuestra familia no poseía  automóvil,  seguramente escapaba a nuestras posibilidades. No muchos amigos los poseían. Los que circulaban eran casi todos de fabricación  norteamericana. Las marcas más frecuentes eran Ford y Chevrolet.  Pero también aparecían con cierta timidez modelos europeos.
Nosotros acostumbrábamos desplazarnos en bicicleta en los escasos paseos familiares. Papá poseía una  clásica bicicleta inglesa, mamá una Bianchi, reconocidísima marca italiana y yo la anteriormente mencionada  Mi padre cuando iba solo solía montar algún airoso caballo. Desde el Defensor, colorado fiel y bueno que monté muchas veces cuando pequeña hasta el Comadreja, su última adquisición, airoso tordillo que se había lucido corriendo en Las Piedras antes de ser suyo.
 La radio había ocupado durante toda mi corta existencia un lugar de privilegio en nuestro hogar. Aún recuerdo los informativos que papá escuchaba cuando yo tenía cuatro años, o sea más de diez años atrás,  en la sintonía que según mi entendimiento infantil se llamaba “El Despertador”. Tampoco se me ha olvidado aquella propaganda de los mismos años, de la que recuerdo fielmente incluso la música y que decía más o menos así:

                        Si su radio no funciona
                       vaya enseguida Penini ¿Cinti?
                        Está en la calle Agraciada
                        frente al Palacio Legislativo.
                        Técnicos son,  no improvisados
                        pues tienen conocimientos, 
                        y hace ya tiempo, son consagrados.

Cuando vivimos algunos meses en el campo nos acompañó una radio que funcionaba  con energía  eólica, pues lo primero que se hizo fue colocar un molino de viento. De ese breve tiempo recuerdo las dos planchitas gemelas que mamá colocaba alternadamente sobre la cocina para ir planchando nuestra ropa. Eso porque la energía  no era suficiente más que para la luz y la radio.
Volviendo a la década del relato, teníamos ahora una  radio grande, marca Philips, con amplio parlante, onda corta y larga y una tapa superior que escondía un pequeño y frágil tocadiscos.
La victrola figuraba ya en museos o en casas nostálgicas como recuerdo. Había marcado una época y cansado muchos brazos con la imprescindible manivela. Billones de cajitas de púas habían sido el implemento necesario. En cambio los discos continuaban siendo de pasta quebradiza, de 46 o 78 revoluciones por minuto.
Los tocadiscos eléctricos e independientes habían surgido tiempo atrás, incluso los automáticos que cargaban muchos discos a la vez,  que iban bajando a medida que finalizaba el anterior. Pero fue por los años cincuenta cuando aquel sencillo tocadiscos estuvo a nuestro alcance.
He olvidado mencionar que la casa en que vivíamos, (en Piedras) hoy  Wáshington Quintela) y Lizarza  me había proporcionado desde el principio a fines del cuarenta y tres,  la grata diversión  de los baños en una profunda bañera con calefón. Yo había usado aquellos tanques regadera  que debían cargarse con agua caliente o tibia y que luego de ser colgados, dejaban caer agua por una roseta, merced a un tirón de la cadenita.
Existían también calentadores a alcohol, muy prácticos y que duraron mucho tiempo, quizás se encuentren todavía. Eran   realmente sencillos y eficientes. A las viviendas las  calefaccionaban con estufas a leña o eléctricas. Por lo menos ese era nuestro caso. Recuerdo que me regalaron una eléctrica con un brillante reflector cuya forma me recuerda
a una minúscula antena parabólica.
¿Cuáles eran por entonces las principales  atracciones en nuestro medio?          
Sin dudas los circos, que eran primero muy completos y luego fueron decayendo hasta su desaparición  casi total.  Creo que algún grupo  finalizó su vida artística en Pan de Azúcar.    Conocí   a algún   integrante que se radicó en la Villa: Incluso  su sombra puede notarse aún en las calles de la ciudad. Los parques de diversiones,  y hasta un clan de gitanos con bailarinas con mucho garbo y bellísimos vestidos, solían    ocupar diversos baldíos que hacían esquina en cualquiera de las calles.
Pero había otro pasatiempo más continuo y permanente, me refiero al cine. El mismo funcionaba por esos tiempos en la planta baja del Centro Progreso. Todavía veo a la entrada los afiches  de   las películas y el montón  de latas circulares apiladas que las contenían, y que indefectiblemente llegaban en ferrocarril.
Prácticamente creo que casi todas las noches había función. Mi mamá y yo éramos asiduas concurrentes. Además los niños podíamos ir con absoluta tranquilidad  y solos,  a las largas sesiones de matinés domingueras. Allí veíamos muchísimos filmes argentinos, románticos  y refinados que mucho difieren de los actuales de esa procedencia. Destacaban unas jovencísimas mellizas Legrand, Mirta y Silvia, a las que no era muy fácil distinguir. Recuerdo  a una sensible Delia Garcés, a Amelia Bence, Zully Moreno, Pedro López Lagar, Hugo Del Carril, Osvaldo Miranda, Pepe Arias, Luis Sandrini, Tita Merello, Niní Marsall y una larguísima nómina que por supuesto es imposible recordar totalmente, si realmente interesase.

 El lunfardo solamente era la lengua de los arrabales y todavía no existía esa jerga rioplatense que se arraiga cada vez más. Eran frecuentes los filmes del Neorrealismo Italiano, muchos franceses y hermosos filmes rusos, que hoy serían  inimaginables. En cuanto a la filmografía Hollywoodense, estaba presente como hoy.  Muchas  películas  dramáticas  espléndidas pero abundando siempre las del Lejano Oeste, en las que no faltaban las diligencias, carretas de colonos, indios y soldados.  Sería imposible olvidar las  de Chaplín, de Stan Laurel y Oliver Hardy  menos todavía las de Tarzán, muy de moda y la serie “ La Sombra.”
   Un  muy joven Pedro Castellanos, linterna en mano, se ocupaba de situar a cada espectador en el lugar deseado .Algunas veces trabajaba junto a él su primo Martín Hernández. 
Uno de los propietarios del “Doré”, nombre que tenía por esos años nuestro cine, era el Señor Serra, Después fue de Serra –Spinelli. El funcionamiento del cine no fue muy continuo por diversos factores, cambios de firma, refacción del Centro Progreso. En este último caso  debo decir que el cine renació muy mejorado. En el mismo local se realizaban                     espectáculos culturales, venían importantes artistas como Atahualpa Yupanqui, Juan Carlos Mareco,( Pinocho.),  también pianistas y guitarristas  muy bien conceptuados. Sin embargo no tenían el mismo  éxito que el cine, pudiéndose advertir una platea casi desocupada.  
En el piso superior o principal del Centro Progreso  se realizaban frecuentes bailes. Eran oficiales y de gala los del 24 de agosto y 31 de diciembre. En  otras fechas había bailes  de menos etiqueta, y recibos bailables los sábados de noche a horas muy tempranas, para los jovencitos. En carnaval se efectuaban frecuentes bailes, incluyendo uno de disfraz para adultos y otro para niños.
Los bailes eran amenizados frecuentemente por tres orquestas, una Típica  que ejecutaba tangos, valses y pasodobles, que además traía cantor, una de Jazz   y otra  Característica que ejecutaba temas diversos.    
Había ya citado que el cine había tenido muchas pausas en su funcionamiento. En uno de esos períodos  de receso,  diríamos, funcionó otro en el Salón Parroquial. El encargado del mismo era un señor Etcheverry  que vivía en el Km. 110, y  que además tenía una camioneta con parlantes con la  que hacía publicidad,   
El local largo y angosto, no era muy adecuado. Tampoco era cómodo;  y el equipo tenía algunos defectos, con todo marcó un período que es del caso destacar. Más todavía cuando sirvió de centro de espectáculos con la actuación de magos, y de algún artista como aquel excéntrico personaje que apareció con un xilofón y varios instrumentos de cuerda de diferentes tamaños, mezcla de violín, laúd o guitarra.
En otra pausa y antes de desaparecer el cine definitivamente de la villa, los cinófilos, debíamos viajar a Pirlápolis donde funcionaban dos, El Argentino en un primer piso, donde hoy está La Pasiva con sus arcos, que entonces era llamada Galería de Demetrio, y El Miramar en su lugar habitual.
En los inviernos solía con frecuencia ir a pasar la tarde en las Matinés, con unas amigas y la mamá de ellas al  Miramar  El viaje hacia el balneario, lo hacíamos  en los ómnibus de la Empresa Fontes, como en verano lo hacían los que deseaban disfrutar de mar y playa, o los obreros que trabajaban en Pirlápolis.
Los mismos autobuses también sirvieron para traer desde allá a nuestro liceo a varias generaciones de estudiantes. El Liceo de Pan de Azúcar fue el único por varios años en toda  la zona. La Enseñanza estaba bastante centralizada, ya que para el segundo ciclo, al que llamábamos Preparatorios, todos los alumnos del Departamento debían viajar a  la Ciudad de San Carlos, inclusive los fernandinos. Luego de esas largas pausas, tal vez por  1953  nuestro cinematógrafo renació.  El postrer resurgimiento tuvo posiblemente una década de duración. Con el arribo de la televisión a fines del 58, (en la década del 60 hasta en viviendas humildísimas se veía destacar una antena),  se produjo la declinación definitiva de la gran pantalla.  En Piriápolis todavía funcionaban los cines, con la incorporación incluso de uno amplísimo,  que había surgido varios años  atrás y que se Llamaba Festival  Hall.
Tocando otras actividades de aquella década, debo también contar que fue un período de gran efervescencia cultural en lo que respecta al teatro. Un núcleo de jóvenes de la sociedad de entonces, varios hoy lamentablemente desaparecidos, formaban el elenco. Recuerdo entre ellos a Elbia Cuadrado (Chicha) Melchor Cuadrado h. Edgar Bonilla, Mary Goicoechea García, Elsa Funes, Walter Razquín. La obra más exitosa y con la que recorrieron el Departamento con singular éxito fue: ”Los árboles mueren de pie”. Como esa actividad duró cierto tiempo no recuerdo si  los actores que menciono trabajaron  juntos o en momentos y obras diferentes.
 Unos años después hubo otras iniciativas teatrales  que duraron cierto tiempo en las que actuaba Marza  Rodríguez Zanoni, Yamandú Beovidez,  Alfredo Acosta entre otros.

  ¡Cuántos lectores habrán vivido estos años y compartido estas vivencias! Seguramente  otras personas tendrán recuerdos más fieles que yo. Pero yo los recojo así, salpicados, por aquí, por allá, como postales salvadas de un olvido definitivo.   

lunes, 16 de diciembre de 2013

Sin esperanzas

                                                               
He amado y amo siempre el suelo que me vio nacer. Lo he admirado, orgullosa de que se empeñara de ser culto. Fue distinguido por eso en un pasado. Alguien lo llamó una vez, pequeño trozo de Europa en suelo americano. Quizás porque la etnia sobreviviente era más homogénea. No lo sé. Algo distinto encontraba el viajero en nuestras gentes, fueran ellas humildes o privilegiadas. Nuestro nacimiento como nación, tuvo principios republicanos, heredados de países que sufrieron opresiones y diferencias. Y el colono que llegó, a veces olvidó meter en sus maletas el amor a Dios, la reverencia, el respeto. Sabían de Él, oraban por las noches por sus bendiciones. Llegaban a las iglesias para contraer matrimonio después para el bautismo de los niños y finalmente para una despedida final a aquel que se marchaba.
Fueron pocos los más fervientes, porque Iberia parecía endurecida por no sé cuáles calamidades, quizás fatigados de la inquisición que aún recordaban. Los italianos cansados de guerras u hasta de alianzas algo vergonzosas que empequeñecían ante sus ojos a la Roma papal, traían algo de anárquico en sus ideas  Tal vez porque el trabajo agobiante de los campos le habían hecho olvidar  inclinarse ante el Señor.
 Francia había aportado su racionalismo feroz, sus múltiples escritores que junto a las monarquías habían abolido a Dios, (una forma nueva de endiosarse a sí mismos).
 La pequeña Suiza trajo un puñado de laboriosos cristianos que  encontraron un agraciado rincón donde preservar sus costumbres y sus ideales.
Seguro que llegaron muchos otros perseguidos  por su credo, a este país hospitalario y España tuvo como Italia emigrantes que fueron pequeños focos luminosos.
 Luego arribaron  rusos, alemanes, con recuerdos de los castigos a sus ancestros, pero nada fue suficiente.
Hubo una terrible confusión entre laicidad y ateísmo, y en lugar de preservar a cada creyente de que el Estado lo privara de sus derechos, el Estado pensó que era él quien debía cuidarse de las religiones y creó una valla poderosa para protegerse. Entonces lo que primero fue una libertad de cultos, que aún permanece afortunadamente, laicidad se convirtió, no en permitir que cada quien creyera lo que deseaba o lo que la familia le había transmitido, sin la interferencia de las leyes, para  volverse   un descreimiento de las religiones.
Mientras el evolucionismo y el creacionismo corrían paralelas como teorías optativas todo era aceptable, pero poco a poco el evolucionismo fue considerado el criterio único y verdadero para una sociedad que cuanto más estudiaba y más culta se volvía, más racionalista era.
Hoy nuestro pequeño país  encuentra conocimiento de Dios sólo en colegios privados, cualquiera sea su credo, mientras un dios anónimo y poco conocido aletea entre una nómina de dioses paganos que aparecen en la historia de las mitologías, en los cuentos, o escritos de personas más letradas, en las instituciones públicas
Persiste ese criterio, aun cuando nuestro país se ha vuelto menos educado, menos sabio, por no decir más ignorante, y por ello más irrespetuoso.
Fomentamos una posición científica mientras cientos de personas caen en vicios y situaciones abyectas, que por supuesto ocurren también  en otras partes del mundo. Los habitantes se han vuelto menos trabajadores en espera de dádivas que se ofrecen aún a aquellos que tienen hombros fuertes y habilidades especiales.
Leyes nuevas atentan contra la integridad de las familias, el nacimiento de los niños, favorecen la legitimidad del uso de algunas drogas, y el casamiento de personas del mismo sexo.
Una cruzada de avanzada ridícula en un medio donde las hierbas verdes y prometedoras podrían evitar que los corderos fueran perseguidos por lobos feroces. Retazo fértil con muchos frutos y con escasos recolectores.
Dones de Dios menospreciados en una apatía  nacida no comprendo por qué, o mejor, no quiero comprenderlo, porque no tengo armas para combatirla. Un día creí que éramos ricos, tal vez tuvimos esa oportunidad, pero a medida que mi tiempo pasa, como el de todos, comprendo que equivocamos nuestro camino, y nuestro espíritu empobrecido, ha perdido la luz de la esperanza.
¡Pobre Uruguay atrapado entre ideas que no entiende, comodidades que pretende, esfuerzos perdidos, y ambiciones constantes!
 Conocemos toda la tecnología, pero olvidamos nuestros principios, y cometemos yerro tras yerro. De lejos sentimos voces que nos elogian, que alaban este deprimente presente. ¡Pobrecitos! Cómo se engañan. Son inocentes o están más perdidos que nosotros. No escuchan los lamentos que brotan desde las entrañas mismas del suelo
¡Que Dios ilumine nuestro sendero  mientras haya tiempo, porque la vida es corta y el fin está cerca!


lunes, 18 de noviembre de 2013

A una conocida

Para Ana:
Yo te conozco apenas. Me has atendido gentilmente muchas veces en tu negocio. Confieso que a veces me ha chocado tu tranquilidad, tu falta de apuro, contrastando con el mío. Nací así, apresurada, creyendo llegar muy lejos, pero no, no era la forma. En cambio tus manos han sido hábiles, prolijas, tu mirada cauta, tu hablar sereno. Lo mismo has armado los anteojos más complicados, arreglado una joya, cocinado una torta bellísima de cumpleaños. Alguien me lo contó algún día. Comprendo  que  Dios te dio muchos dones.  Te premió con una voz muy bonita, con un amor al arte que te confieso no sé en qué tiempo has podido desarrollar. Te ha regalado muchos hijos como a aquellas bienaventuradas que aparecen en la Biblia. No te envidio, porque yo cumplí como pude mi destino, amé, tuve hijos, por lo menos aquellos que mi pequeña falda podía guardar. Amé como tú a Dios, a la poesía, a la música, a los muchachos.
Pero quiero confesar que te admiro. Para mí eres una representación de paz,  una esposa con las cualidades que todas deberíamos tener. Seguramente eres feliz en tu plenitud, y con tu enfoque de la vida. Adivino en ti la fe que te asegurará también un camino más allá de éste que transitas.
Creerás que estoy loca porque te confieso todo esto, pero no es así. Es bueno decir lo que uno piensa de otros, si es para que mejore o si es para que continúe en su sendero. No creo que mis palabras te hagan orgullosa porque ambas sabemos que los dones los recibimos de Dios y también la gracia. Así que tómalo simplemente como las palabras de una amiga ocasional que sin embargo te ha valorado en todo lo que demuestras. Y no es nada poco,  ya que no me considero aduladora, quizás mis palabras sirvan apenas para aliviar algún cansancio  de esos que nos causan los empujones de la vida.

Wilma

Irma Pereira


Brevísima y objetiva biografía de quien fuera mi mamá

Irma Pereira (7 de agosto/1916/20 de setiembre 2000
Nativa de la zona de Pan de Azúcar, conocida  como El Sauce, pertenecía a un hogar humilde y fue la mayor de seis hermanos, de los cuales solamente uno era varón.
 Desde los siete años quedó al cuidado de sus abuelos maternos, cuando su papá debió alejarse de la zona para ocupar diferentes trabajos en otras secciones del Departamento de Maldonado. La esposa y demás hijos lo acompañaban.
Su niñez y adolescencia fue bastante solitaria, junto a sus abuelos bastante mayores y un tío. La educación primera la recibió de una joven  familiar muy preparada que ofició de maestra durante varios años, porque  la escuela quedaba bastante alejada de su hogar. A pesar de esa soledad, su vida fue bastante confortable y aunque en un ambiente serio y austero, recibió un especial cuidado. Los viajes al pueblo no eran muy frecuentes, y se complacía cuando podía visitar a sus padres y hermanos donde lógicamente el ambiente era más alegre y bullicioso si bien menos cómodo. Era bastante bonita como para despertar el interés de muchos jóvenes que ocasionalmente se cruzaban en su vida.  Siendo muy jovencita se ennovió con un funcionario policial Juan Ángel Pereira, con quien tenía cierto parentesco, pero debido a su crianza apartada, junto a sus abuelos, casi no conocía. Cuando tenía diecisiete años  se realizó la boda y por primera vez pasó a vivir en la ciudad. Primeramente fue San Carlos donde nació su única hija, a quien llamaron Wilma. Los sucesivos ascensos del esposo los enfrentaban a traslados a veces frecuentes. Las permanencias más largas fueron  en Punta del Este  y en  Pan de Azúcar, donde el esposo sería Comisario durante diez años hasta culminar su carrera policial. La pequeña familia había retornado  así al pago de sus respectivos antepasados, donde permanecerían hasta el final de sus días.
  Los primeros veinte años de matrimonio  ella los dedicó solamente a las tareas del hogar, a atender a esposo e hija. Su salud no muy buena, no le permitían nada más, y quizás por aquellos primeros años tampoco anhelaba otra cosa.  Radicada en la ciudad desde hacía unos quince años, comenzó transpuestos  sus cuarenta años, una labor de servicio a la Comunidad, animada por una fortalecida fe cristiana. Para ese entonces su esposo se había jubilado de su cargo y su hija acababa de casarse.
 Aprendió a dar inyectables y a tomar la presión, conocimientos agregados a su formación como masajista. Dado que el barrio en que residía estaba bastante alejado del hospital local, Salud Pública la autorizó prontamente a aplicar esos conocimientos.
Desde entonces no hubo día ni hora en que no atendiera a cualquier vecino en su domicilio, o acudiera al de ellos. Este trabajo comunitario lo hacía a pie y muchas veces portando su lámpara  de rayos infrarrojos para otras dolencias. La mayoría de las personas a las que atendía eran  ancianos y   niños,  ya que solían ser  los más susceptibles de dolencias. El conocimiento de los habitantes del barrio se hizo perfecto, lentamente comenzó a concurrir a zonas cada vez más alejadas.
  Un día pensó que sería interesante poner una pequeña policlínica en otro barrio, sin descuidar a sus vecinos. Eligió el Barrio Estación. Su determinación era grande y su tesón mayor. Pronto un señor le proporcionó una sala para que cumpliera su propósito. En ese tiempo contó con una motoneta. Prontamente se instaló allí concurriendo todas las tardecitas por varias horas. Una vecina, enfermera universitaria, Dolly Lorenzo le dio su apoyo, y un conocido médico, Andrés Accinelli se comprometió a visitar aquella minúscula policlínica una vez a la semana. Pero ella deseaba dar un testimonio de la religión que profesaba: Adventistas del Séptimo Día, poniéndole el mismo nombre que daban a toda institución benéfica de salud, y obtuvo permiso para actuar bajo el nombre de OFASA.
Varios años trabajó en ese reducido salón hasta que una amiga, valorando su dedicación le  donó un terreno. Se trataba de la  señora Marita Pacheco de Blois.  Eso no bastaba, sin embargo, ya que era necesario el dinero para la construcción del edificio. Fue así que por mediación de un joven amigo, luego médico, Haroldo Pi, consiguió la donación de otro terreno en un lugar que pareció más apropiado. Esta vez del señor José I. Fontes. Con la venta del primero, obtuvo una suma importante pero insuficiente. Con la misma, concurrió a su iglesia en Montevideo y allá, viendo el valor de su esfuerzo, le proporcionaron todo lo que faltaba para construir la obra. La Policlínica estuvo terminada finalmente. La misma fue inaugurada en el año 1982, año en que coincidieron las inauguraciones de varios centros de enseñanza y de la Biblioteca Municipal. Tanto la enfermera como el doctor Pi, que entonces ya era médico  y había sustituído a Accinelli, la acompañaron mucho. El Doctor  fue nombrado   Director responsable de la enfermería.  Trabajaban gratuitamente. Si bien  no compartían   el mismo  ideal religioso, deseaban   servir a la comunidad. Ese funcionamiento continuo, se mantuvo hasta el año 2000, cuando Irma falleció. Durante tantos años, aunque sus primeros colaboradores todavía estaban, acudieron  al dispensario casi todos los médicos que iban surgiendo en la ciudad. También Ofasa   proporcionaba mucha ropa que era  distribuida  allí, a personas de pocos recursos y a niños de las escuelas, también muy necesitados.
Fue  otra de sus preocupaciones  salvar a muchos adolescentes de situaciones sociales o familiares difíciles. A éstos los aconsejaba, y también con sus gestiones les conseguía becas en colegios formadores de conducta y de principios morales que les permitieran  encauzar su futuro.

Aunque el nombre de Cristo aleteaba con frecuencia fuera de la policlínica, ya que allí no se requería otra cosa que llegar para ser atendidos, encontraba que servir al prójimo era la mejor manera de dar un testimonio de fe .Y en esa misma fe y con  una actividad permanente, realizada sólo por su fortaleza cristiana, hasta tres meses antes de su fallecimiento, ya que llevaba casi dos años de padecer una gravísima enfermedad, falleció en la ciudad de San Carlos donde comenzara su vida de esposa y madre. Sin dudas Dios la impulsó en su actividad social y religiosa y con su fe intacta entró en el descanso prometedor.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Siempre Artigas



Hoy es el cumpleaños de Artigas y como siempre desde hace muchas décadas, en esta fecha o en otras que lo aluden, empiezan las divergencias. ¿Es nuestro héroe, acaso el fundador de nuestra República?
Las personas han perdido el sentido de la orientación y de los tiempos.
Cuando aquel descendiente muy cercano de españoles nació, nuestro territorio  era apenas una parte de la colonia española, Él, consustanciado con el medio, con la tierra que lo vio nacer y hacerse hombre, tuvo como otros la clara certeza que ya había llegado el tiempo de que América rompiera las cadenas que la unían a Europa. Inspirado por otras concepciones de gobierno soñó una patria más grande y con todas las garantías de libertad e independencia. Fue la mano firme y la voluntad precisa del sueño de los orientales, y de otros pueblos vecinos. Fue el anhelo materializado en su persona y mejorado con sus ideas de avanzada.
Sabemos que no tuvo la idea de hacer un país pequeño, no quiso desligarlo de terruños iguales y linderos. ¿Importa acaso que haya soñado más? Siempre entendió que las provincias que él unió en su plan espléndido tendrían la capital en la Banda Oriental.
Nunca en Buenos Aires, lugar que mostraba un orgullo desmedido y otras aspiraciones. De las tierras de habla portuguesa se sintió separado por lógica. Seguirían siendo hijos de España, con el mismo respeto que se depara a los progenitores  pero con aquella independencia que marca la mayoría de edad.
Eso lo tuvo muy claro y dejó fehacientes testimonios de ello. Sin embargo su pensamiento avanzado,  no tuvo la misma respuesta que en  las armas. Tuvo brillantes y honorables triunfos pero tuvo derrotas y traiciones. ¿Fue orgulloso? Tal vez…
Pero luego de su exilio voluntario y largo, en el cual pasó tiempos de confinamiento y tiempos de libertad, no traicionó jamás el sueño americanista.
Hijos del país que soñaba quedaron por el camino y sus continuadores apenas tuvieron valor y competencia para salvar a una mínima parte de su protectorado.
Por supuesto  aquel era  el  suelo más querido para Artigas, aquel donde había  nacido, luchado, amado. Sus otrora tenientes lograron  preservarlo como pudieron,
 y, según sus criterios, bastante más pobres o por decirlo sin herir, cada uno a su manera. Tuvieron ideales diferentes y se convirtieron en rivales. ¿Y a ese terruño que quizás ya llevaba divisas querría volver el libertador?
  Hasta el Paraguay definitivo le habían llegado noticias en parte gratas; se lo nombraba, se le requería, no le habían olvidado. Pero a qué debería enfrentarse cuando ya no era el indiscutido jefe de los orientales. Ahora había otros retos, otras ambiciones, las alianzas no eran las que él hubiera practicado, los federales venían desde Buenos Aires envueltos en una niebla oscura y los unitarios solamente encontraron eco  en  un territorio mínimo como el de su Banda Oriental. Así que su regreso no era lo propicio ni lo aconsejable ni para  el pueblo ni para el hombre. Su sueño se había roto definitivamente. Digamos que el fragmento más grande era una tierra con forma de corazón.
Eso nunca le quitará méritos ante los ojos de la posteridad, ya que sin él nada habría subsistido. El Uruguay, así aislado, no es lo que había imaginado. Él fue un padre con más hijos a quien sólo le quedó uno, el primogénito.  No es fácil sobreponerse a tantas pérdidas.
Pero eso no significa que haya dejado de ser padre. Más lógico sería que todas las otras provincias que integraron la liga federal, (algo de eso se está conversando hoy), lo reconozcan como héroe propio, quizás no de la nación que integran, sino  de cada una de las  provincias en particular,  de cada una de  aquellas donde flameó la bandera del prócer.
Y por fin no desconozcamos el momento histórico que vivió, para minimizarle homenajes ni retacearle cariños. No todos los países tuvieron hombres tan iluminados. Dejemos la mezquindad para pueblos más desfavorecidos. Nosotros debemos ser dignos de su coraje y de su ideario, nada más.

Será siempre el padre de nuestro terruño si bien la concepción de organización o planificación del país no le haya correspondido. 

lunes, 5 de agosto de 2013

Tras la ventana



Hoy los grises se acentúan entre cielo y mar ceniza
Brazos desnudos que  imploran las tristes ramas agudas.
El pampero está en reposo y la brisa se ha dormido.
Es un cuadro mi ventana que enmarca una tela muda

El salitre se ha infiltrado en muchos muros sombríos
Y las ventanas señalan muchas celdas que son nidos
Dentro calor y ternura,  o acaso tragedia oscura
La ciudad y sus misterios en esta tarde perdida

Faltan las rutas abiertas, falta mi cerro custodio
Aquí familia y abrigo, allá mi fuego sin lumbre
Es que espera mi regreso para compartir mi noche

El invierno me divide entre  amores y mi cumbre

Verde Manto



Era tan bello aquel verde
de su manto de lanilla,
que daba gusto hasta verla
tan coqueta y con tal brillo

Era la niña, esperanza
en el ocaso amarillo
y sus manos trabajaron
haciendo dulces muy  finos

Nunca un tal verde  en la tarde.
Jamás otro chal se viera,
ni mejillas tan rosadas
ni alondras en las esperas.

La niña soñaba amores
El novio la vio muy bella,
gustó los suaves sabores
y le sonrió a las estrellas

Y la niña enamorada
coqueteando con las flores
robó el aroma a los nardos
y se pintó de amapola.

Era la niña un alarde
de arrebol y nube rosa
 su novio se volvió brasa
¡Fortuna que no hubo soplo!