jueves, 30 de diciembre de 2010

Cuna

Tres tañidos acallaron
mis tres nacientes berridos.
Las campanas y veredas
se durmieron en mi olvido.


Fue un horizonte muy amplio
el que atesoran mis sueños.
aquella línea plateada
donde el sol iba muriendo.


Tuve una alberca de crespas
aguas yodadas e inquietas;
y mis baños fueron tibios
entre esmeraldas y crestas.


Tuve pradera de arenas
rubias, limpias e invitantes,
y de pinocha, la nieve
Para poder deslizarme.

Allí quedó mi niñez
primera, grabada a fuego
por sol sonriente y galano
y por muy pocas tormentas.

Hoy vuelvo al sitio marcado,
y mis huellas no se encuentran,
La arena no guarda rastros,
y el agua moja otros cuerpos.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Niñez

He conservado a la niña con ternura y persistencia.
La he cuidado con dulzura, fresca flor de mi inocencia.

He resguardado los sueños de la playa tempranera.
Aguas y arenas doradas, para gustar, si quisiera.

Desde aquel lejano tiempo, noté distinto el jirón
de tierra, que se adentraba en océano seductor.

Yo atisbaba desde afuera, vestimentas y alegría
y las noches con sus galas que secretos escondía.
 .
Hoy mi regreso es distinto, avenidas y chalés
y rascacielos cubriendo los arenales de miel.

Mis recuerdos son lejanos, o quizás están ya muertos .
Ya la niña se ha dormido. ¡Por favor no la despiertes!

Tira el ancla

                             

Debes andar el centro del sendero te dicen pasajeros
no te hieren las zarzas, no se mojan tus plantas
Pero ten cuidado del tirador certero
eres su mejor blanco

Trepado a tu nave de sueños imprecisos
te acercas a la nieve porque es blanca
y es pura, sin embargo nada puede ofrecerte
tal vez mueras de frío, o se hiele tu alma
o una fiera te acose y con sus garras
te destroce inclemente
Ya ¡desanda el camino!

El trópico te atrae  exuberante
es tórrido su clima, hay alimañas
y tú te entregas todo, en las llamas
feroces  puedes perder el alma
Ya, ¡Desanda el camino

En trópico o glaciares solo se hallan
dolor, pasajeras pasiones que se acaban o
ni siquiera nacen, mira al costado
hay múltiples praderas con sus flores

Soplan templados vientos con mesura,
el nido puede adivinarse cálido,
las miradas son dulces, la palabra apropiada
la apariencia gentil , Dios brinda frutos
Oh Soñador! Llegaste. ¡Navegante sin rumbo
tira el ancla!

Sin retazos

Entre hierbas y matas paso por un atajo. Afirmo confiada mis pies en los trozos de asfalto que hoy perduran de lo que fue una ruta única y sombreada. Aquella que junto a mi casa llevaba a la capital y a otros muchos destinos.

Era estrecha, en verdad, hoy lo recuerdo, pero los automóviles  eran más perezosos y muy raras veces dada su marcha moderada, se estrellaban entre sí o contra los altivos y perfumados eucaliptos que marcaban el borde de la ruta. Tampoco debo olvidar que a pocos metros  hacia la derecha, un camino polvoroso con  apenas una fina capa de balasto disimulaba  que antes era la tierra apisonada que recorrían las diligencias.

Pero  vuelvo al  camino que recorro y aunque el asfalto es apenas retazos de un ayer en el cual estaban incluidos los ómnibus con el elástico e inconfundible  galgo en su costado, visión imborrable  de  mi juventud hoy lejana, debo aguzar la vista para ver que hay ramas ásperas que debo  esquivar, o pasto mullido,  minúscula alfombra para un   descuidado pie.

Parece un puzzle desbordado de la mesa donde  fue armado

Un día,  hace  quizás  cincuenta años, algún ingeniero trazó una recta  en campos  casi despoblados  para acortar la distancia entre Montevideo y el principal balneario. Al mismo tiempo pensó una bifurcación hacia la izquierda para empalmar con la ruta panamericana.

Lo cierto que estos pocos metros que yo paso con frecuencia son apenas el fragmento descartado para el uso de vehículos. Sirvió hace cincuenta años para que yo viera pasar a Celia, precedida de su esposo  hacia el almacén  del barrio.  Nunca supe el  por qué de  ese andar cansino en fila india. No creo haya  sido  una señal de preferencia ni de homenaje. Tal vez algún año más sobre los hombros de la mujer, o el cansancio lógico de criar varios hijos. Lo más posible era que la costumbre los había hecho caminar a destiempo.

En su momento, ellos pasaban por la vieja ruta que todavía lucía orgullosa su asfalto gris y continuado. Hoy, yo  atravieso también  pedacitos de  vía,  sin nadie que me preceda, ni camine a mi lado, completamente sola y apurando mi paso para que la lentitud que traen los años no me aprese. Al fin sigo teniendo alma de niña, desconforme tal vez con que el tiempo  que  no se detiene, deje   más recuerdos que valoración del presente. Éste es tan breve que apenas termino de escribir se convierte en ayer.

Y yo debo prepararme para encontrar un camino íntegro, sin retazos, un camino de luz recto y claro que me conduzca hasta el mañana de paz y amor que me han ofrecido y que yo acepté. 

jueves, 23 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!

                                                    
Querría decir tantas cosas, pero podría herir el alma de los niños. Y aquel bonachón Santa Claus, o Papá Noel,  barbado y alegre que hemos creado, no llegaría con su atuendo colorido.
Festejamos y no sabemos por qué, un nacimiento que seguramente no ocurrió en esta fecha.
El nacimiento de aquel en quien poco pensamos en realidad, el que aportó un don de espiritualidad, de desprendimiento, de paz, de amor, junto a su divinidad.
Sin embargo, no tenemos malas actitudes. Saludamos aunque sea una vez al año a los familiares que frecuentamos menos; incluso si están lejos, quizás le hagamos llegar nuestro saludo vía correo, i- mail o teléfono. Un recuerdo que sin dudas vive en nosotros pero se aviva en ese día. Una fecha tan especial, aparentemente tan cristiana pero…que hacemos tan pagana como la Roma Imperial.
Sin embargo, eso no lo advertimos; nuestras intenciones son las mejores y nos mostramos generosos cargando nuestros brazos con regalos útiles o innecesarios, superficiales o insignificantes, mientras volcamos nuestro amor y anhelamos el de los otros.  Giran y giran tarjetas de crédito por doquier, al compás de las bellísimas y adornadas vidrieras Pero todos queremos transformar nuestro amor en algo visible y material.
Nos reunimos con la familia, no sin causar algún disgusto a otros familiares. Se ha entablado una competición acerca de quien gana a los huéspedes en ese día o las fiestas sucesivas.
El compromiso es más exterior que íntimo. ¿Acaso perdonamos a aquellos que nos han ofendido? ¡O hemos pedido perdón a quienes creemos haber lastimado nosotros? El que intercambiemos un  sonriente saludo no significa que amemos a nuestros vecinos, en otro momento tal vez seamos más indiferentes.
En torno de mesas engalanadas según la posibilidad de cada uno, con alimentos diferentes a los de todos los días, y por supuesto que no han de beneficiarnos grandemente, nos convertimos en comensales glotones y egoístas, aunque hayamos acercado antes algún pan a otras mesas más vacías.  No nos importa si el clima es adecuado, si estamos deseosos o no de esos manjares, algo nos obliga a engullirlos de alguna forma.  La Navidad nació en otro hemisferio y nosotros imaginamos la nieve refrescante que por lo menos hará más gratas nuestras ilusiones. Los brindis suelen ser interminables,con o sin alcohol. Nos molestan los cohetes que tira eufórico alguien no muy lejos, y que irrita nuestra naciente susceptibilidad.
En la tarde, antes de la reunión, chocamos en las veredas, vamos de prisa  derramando augurios de felicidad por todos lados, acaso sin reconocer los rostros. Esto es bueno, porque transitoriamente ansiamos la paz.  Nos mostramos alegres aunque el alma se rompa en pedazos.
Faltan varios a nuestra mesa hoy y han de faltar para siempre. Sin embargo su recuerdo es tan tangible que hasta podríamos guardar un lugar físico para ellos.
Sabemos que hay enfermos, ya lo vivimos; hay presos que se enfrentan a sus actitudes anteriores, quizás estén arrepentidos o lo estarán mañana, hay doloridos del alma y nosotros marchamos en esa farándula inexplicable que nos fueron trasmitiendo otras generaciones, pero que nosotros dejamos crecer… crecer…indefinidamente.
Las fiestas, no obstante no nos traen serenidad. A veces nos disgustan. Las fatigas de los días previos,  pueden hacernos descorteses, ofensivos…
Pasarán días, semanas y meses hasta que vuelva a renacer  esta Navidad errónea y trastocada,  en la cual aunque tengamos arboles coloridos, pesebres alusivos y algunos villancicos, Jesús será el gran ausente. Se sentirá fuera de lugar, utilizado, olvidado; transgredidas sus enseñanzas en esta fiesta del mundo que creamos para nosotros mismos.
Muchos tal vez, sin que nadie lo sepa jamás,  den pan y alegría a un necesitado, otros quizás musiten una oración…No faltará quien se acerque a un enfermo solitario y desconocido, sin que su otra mano se entere de su dádiva o su consuelo. Pero no serán demasiados y jamás suficientes.
La Historia señala con honores alguna tregua inusitada y repentina entre feroces contendientes, como respeto a la Navidad, pero fue imposible que la misma se transformara en una cesación definitiva de las luchas. Cargamos nuestra imperfecciones, de las cuales la más peligrosa es la ambición desmedida.
Es muy poco lo positivo y rescatable en el sentido de esta fecha. La ruta la recorremos año a año, un camino que nos acerca más  a lo terreno y a la carne, que al espíritu divino. Pero amamos a Jesús, sólo que el Mundo, las imágenes, la publicidad, la costumbre nos atrapa. ¡Qué pena!
 Aún con mis reflexiones  yo no escapo  a la caravana. Querría que todos comprendieran. Tal vez lo hacen, sólo que pocos se detienen a decirlo. Y junto a mis actitudes iguales a las de todos,  me detengo a pensar en el humilde pesebre y casi susurrando pido perdón, antes de decir,:¡Feliz Navidad!

miércoles, 22 de diciembre de 2010

¡Feliz cumpleaños!

Yo viví los años cuarenta.Allí nacieron mis seis años. Con ellos encontré la escuela.Fueron tiempos de balbuceos y descubrimientos. Entonces conocí una patria, próspera entonces,generosa como siempre después.Mis manos pequeñas fueron el mástil donde ufana ondeaba la bicolor bandera.En esos años yo iniciaba las primeras marchas hacia la conciencia nacional. Todos los niños, palomas temblorosas, agitábamos aquellos pabellones de papel.
Comenzamos a entonar el himno y a sentirnos parte de una tierra protectora que nos cobijaba con amor. El cumpleaños de ésta era un desborde de algarabía y entusiasmo.
Al culminar esa jornada conmemorativa, hermosas y coloridas  bolsitas de papel de seda recubiertas con celofán y cerradas con coqueto cordón  nos eran entregadas antes de romper la fila. Encerraban un puñado de apetecibles caramelos.Un cálido saludo del maestro y un agradable ¡hasta mañana! era la despedida luego de aquel acto de homenaje.
A pesar de los años que han pasado, no puedo olvidar las festividades de esa década.Por ese tiempo me animé a recitar los primeros poemas que me confiaron.Poemas dedicados a la gesta heroica que precediera al nacimiento de nuestro país como nación independiente.El hogar y la familia ayudaban bastante a sentirnos orientales, como prefería Artigas o uruguayos como nos conocen en el exterior.
Hoy el mundo es mucho menos ajeno. La patria chica  traspone las fronteras hermanándose con otras naciones. Eso nos parece justo. No queremos sentirnos elitistas ni discriminados. Ya no vivimos los años de bonanza, pocos los viven. Pero este corazón verde de campos ubérrimos al que cantamos tantas veces con encendido entusiasmo, es y será siempre el solar que nos pertenece, aquel que nos cobija, en nuestro pasaje por la vida. Pero traspuesto ya el siglo llegan otros Veinticinco de Agosto, o 18 de Julios y querríamos ser niños como entonces, desconocer políticas y ambiciones, disimular carencias y enaltecer los logros. Desearíamos tener la voz entusiasta y el alma limpia para cantar nuestro himno,la mirada clara para mirar con reverencia a la bandera. Recordar que nuestro escudo nos habla de una justicia que debemos cuidar, de una abundancia que sabremos valorar, de una libertad que es nuestro orgullo y de una fortaleza que nos hará firmes ante el peligro o las presiones.
Nuestra mano no ha crecido tanto, la banderita ya no está en ella, los caramelos son apenas el recuerdo de un sabor de antaño, pero nuestra alma se siente henchida de gratitud y de esperanza. Por eso  querría que todos al unísono gritáramos:¡Feliz cumpleaños Patria mía!

domingo, 19 de diciembre de 2010

Omisiones

Hace muchos años  escribí un pequeño libro  de datos y recuerdos familiares rastreados con esmero. Sin embargo sé que estaba incompleto
Faltaron los nombres de personas que conocí, algunos fueron mis amigos permanentes o transitorios. Otros simplemente personas que se cruzaron en mi camino. Muchos me regalaron sonrisas y alegraron mi día, otros  pudieron causarme heridas. Seguramente también yo debí  haber sido  presencia grata o desagradable. Pero el no mencionarlos no se debe a eso, simplemente hubiera sido arduo o imposible recordarlos a todos.  Además quizás me equivoqué en mis evaluaciones y acaso la amiga que yo más quise no fue la misma que me quiso a mí.
Pero sin dudas todas influyeron algo en mi vida.Hoy desearía no haberme equivocado  con el cofre de mis recuerdos Pero soy humana y eso es imposible, por eso pido perdón a quienes haya  herido, porque mi vida se formó así como es gracias a las  personas que compartieron  conmigo algún instante.  Todos fuimos parte de un tiempo en común. Fuimos vida simultánea  alguna vez. Estuvimos cerca, integramos  la misma farándula que gira y gira hasta que se detiene para siempre. Hicimos que este pasaje fuera menos solitario y quién sabe si más allá en la Tierra de la Esperanza, en el Edén de las promesas, ellos y yo   nos encontremos porque  juntos  construimos  con sabiduría o ignorancia, con valentía  o  desgano  fragmentos de dos siglos que pasarán, como lo haremos nosotros si no confiamos en nuestro Salvador.



marchando

            MARCHANDO

Desperté en un tren de muchos vagones.
Pasajeros iban, bajaban, subían…
pasé junto a ellos lindas estaciones
mientras sonreía  rumbo a mi destino

Disfruté de juegos, leí varios libros
caminé el pasillo por saber de amores,
y en el coche cama acuné a mis niños
plena de ternura y dulces canciones

Agoté distancias cuando el tren corría,
ni siquiera un gesto hice en demorarlo.
Alguien lo impulsaba por las férreas vías,
y yo no podría, queriendo, frenarlo.


Viajeros vecinos bajaban muy lento
cuando les decían:”-Acabó el pasaje”
Ocultando el llanto, agité pañuelos
mas sentí un  gran frío. Negro era mi traje

No sé si la próxima será mi parada
y no estoy ansiosa que el viaje termine,
pero ascienden siempre y no pocos bajan
confío en  que Cristo me espere al arribo.

  

viernes, 17 de diciembre de 2010

Mi adiós

                                               Mi adiós

La noche me descubre con mi escuálido equipaje.
Me voy sin destino, con la premura incomprensible de quien marcha contra la corriente e igual se aleja.
Me voy cuando otros han regresado. Siempre hay alguien que no puede enfrentar el presente
Yo viví otros pasados que ya no están. …
Más aún, viví pasados anteriores a éste que todos nombran.
Recuerdo infelicidades que se han olvidado, vi gestarse un período amargo mucho antes que llegara. Supe de  ansiedades y pobreza extrema, que todavía no desaparecen, de inoperancia que hoy perdura, de rebeliones que nunca se apagan,  y de esperanzas que se vuelven amarillas antes de verdecer.
Todos los que han alcanzado mi edad conocieron ayeres viejos. Hubo un tiempo en que los rencores prácticamente ya habían muerto después de otros regímenes anticonstitucionales. Siempre hubo injusticias, muertes, pero hay que apostar por  el vuelo de las blancas palomas  o la formación del arco iris
Comprendo los dolores profundos  de los seres, aunque yo no los haya vivido. Pero este enfrentamiento de rencores, este cruzarse de identidades,   esta infinita prolongación de culpas no puedo comprenderlos
Por eso quiero irme lejos, con muchos saberes  que la mayoría ha olvidado o no ha conocido, o jamás llegará a conocer.
Quiero recordar a mi patria con la serenidad y la grandeza del perdón.
 Que ellos pecaron más, dirán algunos. Nadie discute eso, pero esta no es la I Guerra Mundial, ni la Segunda. No es la Guerra de Secesión, ni todas las miles que destacan los textos de Historia.  Tampoco es la guerra Civil Española. Es justo que se marquen y subrayen los hechos delictivos terribles e inhumanos, pero Jesús dijo: “ El que se encuentre libre de pecado que tire la primera  piedra.”
 Sería mejor  darnos vuelta y decirnos a nosotros mismos que quien siembra vientos recoge tempestades. Por ello, habría que remover la tierra y sembrar semillas nuevas. Pero a pesar de tanto tiempo, la tierra todavía no está lista y yo no me resigno a vivir en un país que todavía odia.
. Si hay un enemigo  quizás hubo provocaciones, o nos encontró descuidados.
Tratemos de  no olvidarlo para que no vuelva a repetirse esta etapa infeliz.
Yo me voy porque quiero ver las colinas incontaminadas, el abrazo de los hermanos, y no puedo lograrlo.
Desde la lejanía soñaré con otra forma de preservar los ideales, con un algo de tolerancia y de respeto. Quiero una paz absoluta, entera, redentora, y por eso he de  buscarla aunque sea en una playa lejana e ignorada, donde no me lleguen noticias si no son aquellas del olvido y la reconstrucción.
 La verdadera Historia no es la que escribe  rescata el gobierno de turno,  ni los oprimidos, ni los opresores, ni los lastimados ni los idealistas, sino aquella objetiva donde se diga, aunque tedioso y frío sea   leerla,” unos hicieron algo, los otros lo demás  Causas múltiples  que se detallan crearon una situación difícil y desbordada que nos ha marcado a todos.”
Un lector inteligente y joven, sacará sus propias conclusiones si el relato es claro e imparcial.
 Creo además que lo único posible sería que esa Historia no la escribiéramos nosotros mismos, sino un observador contemporáneo, extraño a quienes se enfrentaron y sin ningún interés, alguien a quien todo esto ni siquiera haya rozado.
……………………………………………………………………………………………..Yo quisiera volver, pero temo que no me quede tiempo.

la vieja fotografía


He encontrado una vieja fotografía. La observo detenidamente. Allí estoy sonriente, casi niña. Muestro  la frescura de los pimpollos que quieren abrir, no importa en que flores se transformarán mañana, si no hay vientos o fríos adversos que lo impidan.
Parece una soleada tarde de estío, y  me he parado “frente al mar”, como dice el tango. Un mar seguramente plácido y azul. Pero no estoy sola, mi madre está a mi lado. Me sorprende ver que era una joven apenas treintañera, para mí ella fue siempre intemporal. Desde la distancia en tiempo, descubro que era bonita. Viste de negro, yo, de blanco. Nuestra ropa es informal y veraniega, ideal para un paseo vespertino.
Estoy apoyada en una de las columnas de la rambla de Piriápolis. Sé que a nuestros pies, Pepe, el fotógrafo, vistiendo su llamativa camiseta roja y   en cuclillas, intenta captar los detalles más favorecedores. Y no ha fallado. Ha podido aprisionar la tersura de mi piel y me ha mostrado más alta de lo que era. Mis apretadas trenzas dejan al descubierto un rostro abierto y natural, con mejillas algo sonrosadas por el sol, la luz lo indica, aunque la foto sea en blanco y negro.
Mi aspecto es el de la página en blanco que a veces menospreciamos. Ninguna emoción ha sido escrita todavía. Montañista feliz al pie de una metafórica elevación  a la que iré trepando aún  sin impaciencias. No muestro incógnitas ni sueños postergados. Serena disfruto de aquel pequeño presente.
 Me he detenido solamente en mí,  porque mi mamá ha partido hace algunos años, llevándose su encanto  y regalándonos su recuerdo.
 Sesenta años después de aquella tarde, mi piel refleja las huellas de una vida algo larga, con ciertos  escollos y un leve cansancio.
Tengo las arrugas provocadas por risas, dolores, alegrías y llantos y por supuesto el envejecimiento normal que dejan los años que se acumulan despiadados.
Aunque no me enfrente a los espejos, yo conozco la realidad, pero ¡cosa curiosa! mi alma ha retrocedido, está allí, en aquel momento del clic, y no quiere desprenderse.


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Una

                                                   
                             Soneto

Yo soy mi vida y gasto mis minutos risueños
sabia, imprudentemente, derrochadora, abierta,
o simplemente aprieto un puñado de sueños,
temiendo que no cierre la descuidada puerta.

Yo soy mi tiempo de hoy y el tiempo que no llega
tal como ayer fuera el tiempo de mi infancia.
La nostálgica lluvia que mi mejilla riega…
Del instante supremo del amor la fragancia.

Y así se va pasando de la ilusión el halo,
según nuestro entusiasmo o las fuerzas distintas;
la vida que nos dieron es tan dulce regalo,


que la vemos a veces como a las viejas cintas,
aunque seamos una cuando aspiro y exhalo,
y nos vayamos juntas en un futuro extintas.


¡Oh Señor!



Oh Señor yo respeto las reglas que nos diste

y sé que con la fe tú nos quieres salvar

pero suelo ser débil quizás pues me ofreciste

un camino muy dulce por el que suelo andar.


Y yo digo:”mañana” porque cual niño rico

no me atrevo a las cosas del mundo despreciar.

Amo al mar, a mi casa, mis recuerdos queridos

y los amantes hijos que me quisiste dar.


Es muy triste a mis años desprenderse de aquello

que he atesorado siempre con el más alto afán.

Aunque a Jesús no olvido que consumó en la tierra

el sacrificio sumo para al hombre salvar.


Mas no puedo. Yo espero que sacudas la puerta

de mi insensible alma para saber luchar

contra todo el ficticio encanto de lo bello

que creaste en la tierra y me cuesta dejar


.




Salir

Salir así a hurtadillas de esta forma imprecisa
de ser yo misma y de llevar mi nombre.
Salir de esta paloma gris con alas tristes
y convertirme en cóndor,
abandonar el llano para trepar las cumbres
y volar hecha verso de eco inusitado.
No importa si lo escribo o lo tomo prestado.
Ser huracán violento en lugar de ser brisa
y descorrer el velo de mi ser amustiado
para gritar que existo y existí hace ya mucho,
y que tuve mil sueños que el tiempo se ha llevado.
El amor fue tan fuerte que me quedé en el nido
pero debo salir porque Dios me ha llamado.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Despedida

                                                    DESPEDIDA

La tarde es fría, el mar sereno. La imponente nave espera el flujo de pasajeros que se mueve. Un empujón, un “perdone”, una valija, un adiós. Los jóvenes, las manos enlazadas, trepan con prisa la escala. No se detienen hasta la primera clase. Recorren salones y pasillos, el bar, el restaurante. Pasan inadvertidos entre la multitud.
De pronto una ronca y estruendosa sirena, rompe el encantamiento. Es el alerta de la próxima partida. Más veloces que antes están nuevamente en  medio de la escalerilla. Un beso interminable, un “espérame” dos “te quiero”. Unas  monjas que ascienden los observan con tolerancia y comprensión. Ella desciende, él sube. El llanto los demora. En el muelle, familiares  nerviosos la esperan.
La escala es levantada y la mole comienza a navegar entre puntillas de espuma, hacia un imprevisto horizonte.
El muchacho desde la cubierta de tercera clase se apoya en la baranda.
Mueve los brazos en señal de saludo pero pide  a una columna que cubra su emoción.
Lenta, muy lentamente, la nave parte cada vez más pequeña acentuando la sensación de lejanía. Él, apenas un punto oscuro e inmóvil.
Pronto nave y él son  sólo una maqueta. En el puerto ella llora, tiembla, sueña…
Su mano es un pañuelo que en lugar de adiós, le grita ¡Hasta mañana! Él es la golondrina y ella la primavera, No es necesario más.
       

Julio



El otoño ha partido con su tendal de hojas,
y un simbólico viejo con la barba de escarcha
ha llegado de prisa, obligando a las rojas
llamas de los hogares a entibiar nuestras almas.

Y no me extraña el frío, porque en él nací al mundo.
Aunque en mantas y mimos viví mi madrugada,
pero pasan los años y me dejan desnuda
igual que en el ayer de las tres campanadas.

Acurrucada dentro, con dolor en los huesos,
evito nubes grises y vientos indeseados,
recordando entre nieblas a los lejanos tiempos
del andar tempranero ,entre blancas heladas.

Y más tarde, postales de otros duros inviernos;
yo, vecina a la estufa, con la familia toda,
animada de risas, de maníes y cuentos
 en las noches alegres, menos largas que ahora.

Aunque no temo al frío, hoy es muy agresivo,
y avaro julio, muestra del sol una guiñada.
Espero ilusionada el crecer de los días,
cuando brotes y flores me anuncien  el verano.

                                                                    

tiempo

                           TIEMPO



Hoy es mi tiempo dices con orgullo
Y mi tiempo fue  ayer dice el anciano,
Mientras el joven imberbe se pregunta
¿Cuándo llegará el tiempo que he esperado?


Y el reloj marca impávido las horas,
sin detenerse a rescatar edades.
Unos llegan, otros están, pasaron otros,
y muchos más han de venir mañana.


El tiempo es tan abstracto que se escapa,
de segundo a segundo, hora tras hora
y les deja a los hombres una amarga
sensación de pérdida y de asombro

Ayer, hoy y mañana, tarde, temprano
¿Qué importan con el paso de los siglos,
el pasado, el futuro, y este hoy frágil?
Sólo Jesús nos muestra otro destino 

Dios

Quisiera volver niña para que a Dios guardara,
cuando por mí velaba cuidando mi inocencia.
Él, protector de infantes, y de la gente clara
que bebe en su palabra como en serena fuente

No haber sido muchacha a veces yo quisiera,
porque allí me nacieron todas las rebeldías,
todas las alegrías y mucha suficiencia.
aquella que en etapas futuras perdería.

Sólo pensando en Dios reniego de esos días
que me dieron las alas que mecieron los  vientos
porque cuando se es joven se derrama la vida
y no pensamos nunca que ha de llegar la muerte.

Hoy, que me siento triste y hasta el alma vacía
me pregunto si a Dios voluntaria he perdido,
si lo mantuve oculto en celosa alcancía
o tal vez lo he  soñado y jamás lo he tenido

viernes, 10 de diciembre de 2010

Soberbia


Estás en el cortejo de guerreros triunfantes
y de atletas seguros que al podio alcanzarán.
En mujeres muy bellas de atractivo semblante
y en el desposeído que no acepta ni pan

Aunque luzcas a veces un traje de confianza
sereno y solidario, fingiendo no ostentar,
eres pecado grave, desdeñas la esperanza
de que Dios generoso te quiera perdonar.

No importa qué motivos te impulsan la postura
de querer entre todos  de algún modo gustar.
Confías sólo en tus fuerzas para alcanzar fortuna ,

y aunque estés en palacio o en un mísero hogar
te verán a menudo con máscara oportuna,
por las calles del mundo donde sueles  pasar.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Alma

    

Yo llevaba mi alma
cuando era río
Ella me acompañaba
en mis desvíos

A veces se enfrentaba
a desafíos
y plegaba sus alas
al ver mi brío

Pero no me dejaba
volar muy lejos.
Era siempre mi sombra
mi complemento

Sé que a veces se ha herido
por mis impulsos
pero sigue aguerrida
templando el pulso

Yo no puedo evitarla
ella persiste
De mis culpas y agravios
siempre se viste..


miércoles, 8 de diciembre de 2010

La búsqueda


La charla es amena; comenzamos a recordar tiempos pasados. Nombramos   a algunas chicas que vivieron en la Ciudad en nuestra niñez  De pronto un nombre no aparece en los comentarios. Mi mente está algo perezosa o  un poco fatigada.  ¡Y el nombre que no aparece! ¿Con qué letra empezaba? Y  bailan las letras del abecedario. Las repaso una a una. Trato de retener la sonoridad que tal vez está en mi oído. Pero la búsqueda es fatigosa. Alicia, tal vez… No. Alcira… tampoco. Ninguno me resulta familiar. y empieza la farándula danzando en mi cerebro al que siento algo vacío. Me resigno a la frustración de no recordar. Nos despedimos con mi amiga, ella tampoco recuerda. Parece no importarle demasiado. Pero en mí inciden dos factores importantes.
Primero yo hablé con la niña alguna vez . Segundo, siempre me he preciado de mi buena memoria. No es èsta  la primera vez que una palabra se me escabulle, pero ahora es diferente; más años se van  acumulando sobre mis hombros… y el no recordar es ya una señal de alerta.
 ¿Cómo estará el colesterol?  ¿No será esta una indicación de senilidad? Tendré que controlar eso. En fin, con el gesto algo contrariado llego a mi casa. Es la hora de la merienda. Enciendo la cocina, preparo el té. El nombre no aparece en mi mente.  Luego de una apresurada merienda, insabora,  y disgustante  sigo buscando en los archivos y casilleros del  cerebro.
 Estoy sola como es habitual .Enciendo sin  prisa el televisor. Los programas  no son  esta noche  muy interesantes. ¿Qué pretende esa folclorista cantando con voz  tan desafinada?
Cambio   de canal.  Está comenzando el informativo de la noche. Todas noticias políticas y de accidentes. Otro niño extraviado
Dónde estará?  Muchas veces  no   aparecen, pero… ¡ojalá, éste no sea el caso!  ¡Los padres están desesperados! No es para menos. Pienso en mis hijos de pequeños, luego en mis nietos. Ya todos son mayores. ¡Que época difícil estamos viviendo!
  Las noticias deportivas no me importan  demasiado, tampoco las predicciones del tiempo. Casi sin darme cuenta intento  resolver el crucigrama que dejé inconcluso en la mañana. Todavía no empieza mi Serie preferida. Sin embargo el fondo de murmullos, y la luz del  televisor encendido me acompañan.
 El nombre intenta aparecer; mi subconsciente lo busca con furia. Yo casi he renunciado. Miro la película, ceno desganada apenas una sopa, leo unas páginas de la novela que   me regalaron. ¡En cuántos problemas se mete el protagonista!. Mira que irse a vivir a España  justo antes que empiece la Guerra Civil. Y además  es idealista y republicano. Debería regresar a su país, pero  tampoco allá se encontraba muy bien; recuerdo que había desertado del ejército y  quemado el uniforme. ¡Con tal que no deba vestir otro!
    La noche está bastante fría  Tal vez debí encender la estufa a leña,  pero no tengo piñas y ¡Con mi habilidad!   El gas está por terminarse, comienza a parpadear. Lo mejor será ir a la cama.
Luego de todos los preparativos previos, incluyendo la bolsa de agua caliente, (hoy es necesaria) me acuesto. Tomo la linda Biblia que me regaló mamá y que es mi preferida, leo uno o dos salmos, costumbre habitual,  enseguida apago la luz. De pronto una claridad  ilumina mi cerebro: Araceli…

Acaso...




Arribaba con su pequeña pero altiva tropa a una nueva villa.¡ Habían sido tantas las que habían quedado atrás, en el largo camino!
Pueblos o aldeas que daban un asilo forzado al invasor. Y ellos lo eran. Pero flotaba aquí un aire diferente. El perfume y el color lo retrotrajeron al comienzo de ese ridículo periplo que recorriera. Arrancado de su hogar apenas transpuesta su adolescencia fue pronto enfrentado a sucesos terribles e inimaginables. Primero tuvo temor, luego fue adquiriendo esa indiferencia robótica que lo caracterizaba. Fue la manera de poder continuar. Los galones le habían llegado tal vez por el tiempo y su don de mando, pero dentro de su alma palpitaban todavía viejas emociones, que hoy, se apuraban por asomar.
Pensó que retornaba a su hogar, o mejor que nunca había partido. Las rosadas flores que engalanaban los durazneros, le trajeron recuerdos del huerto de su padre. ¡Cuántas veces de niño había arrancado una hermosa varita, sin meditar que serían menos los frutos que gustase después. La tentación era tan grande  que no vacilaba antes de aquella acción casi instintiva.
Una debilidad casi femenil que lo acercaba a sus años de niño.
Hoy no pudo vencer aquel impulso y se vio a sí mismo con un débil gajito en su mano. Desentonaba bastante con el oscuro uniforme que vestía, pero no le importó.
Marchaban altaneros, pero él sabía que estaban quemando los últimos cartuchos. La guerra terminaría pronto, lo presentía y anhelaba.
Su intuición, noticias que llegaban, parecían indicarle que finalmente no serían los vencedores.  Eso era lo que menos le importaba. Solamente ansiaba la paz. Había visto demasiados muertos, terror e injusticias. La guerra, no era su elección. En realidad, pensaba, sólo un grupo de fanáticos podía desearla. Él había pasado de granjero a soldado. Había perdido su inocencia, pero no sus principios. Su familia era pacífica, amable, buena. Así lo habían formado. Afortunadamente no había  tenido que disparar más que a aquellos que lo habían enfrentado. Sus órdenes  aunque aparentemente duras, solamente obligaban a atacar en caso de peligro.
Todo eso estaba en su corazón, pero su porte y su divisa  inspiraban otros sentimientos en este suelo que hoy  pisaban. Las flores temblaban en sus manos mientras una ardiente lágrima pugnaba por asomar.
Sentía que le habían robado sus sueños y su juventud. Sus seres queridos estaban lejos y también la rubia  Elvira, que le regalaba risas y miradas.
Tal vez regresara un día, si la lucha terminara al fin, y la muerte no lo alcanzaba antes. Pero volvería quizás vacío, temeroso por estos años locos, más duro, más cambiado.
   Sin embargo las aromadas flores que apretaba casi inconcientemente eran acaso… una tímida esperanza…

martes, 7 de diciembre de 2010

Responsabilidad

                                  


Desde muchas décadas atrás, supuestamente por motivos de educación, o de temer  exhibir un desmesurado egocentrismo,  evitamos mencionar el yo ante nuestros oyentes. Preferimos remplazarlo por Nosotros. Sin  embargo el incorporar más miembros a la persona no reduce en nada nuestra naturaleza o responsabilidad. Obligamos a alguien abstracto a compartir nuestras actitudes, a participar en nuestras culpas o dichos, a veces fingiendo ser modestos.
   He llegado hoy a la conclusión de que no es el pronombre tras el que nos refugiamos el que muestra o disimula nuestro yoísmo.
Es posible imponernos haciendo uso del vosotros si nuestra actitud es imperativa o recriminatoria. Y el Ellos, mencionado reiterativamente, puede significar muchas veces maledicencia o engaño y en pocas exaltación.
Creo que lo justo es que asumamos nuestras acciones buenas o malas, los hechos que nos ennoblecen o desmerecen. Evitemos los vosotros que nos alejan y los ellos que no nos pertenecen y quizás en un fraterno tú y yo, o un respetuoso usted y yo podamos mantener un diálogo cortés y amistoso, sin engaños ni disfraz.
  En nuestra cordura, inteligencia y sencillez estará el no hablar excesivamente de nosotros mismos.
Intentémoslo y veremos que el Mundo es de todos.

Pequeño Milagro

Marcho por la ruta
entre pocas frondas
y campos ariscos.
El cerro me nombra.

La tarde es muy clara.
otoño es patrono
y en bíblico sábado
yo lo observo todo.

Me arrimo a los cercos
temiendo el peligro.
Maizales muy verdes
se muestran amigos

Enfrente, las viñas,
cepas vendimiadas
tienen un aspecto
de viejas cansadas

Al volver a casa
mi ceibo me obsequia
una vara larga
con labios de fuego,

y flecos de grana
muestra el plumerillo
en un pincelazo
de color y brillo.

¡Ay, mis locas plantas
sueñan con diciembres,
porque un sol de marzo
las besó sonriendo!

sábado, 4 de diciembre de 2010

Viento

                            

Viento huracanado que en la noche soplas,
asolas poblados, lloras, gimes, gritas.
Yo ya no te temo ¡Oh  gigante bronco!
vete silencioso por donde viniste.

Un ayer lejano temí tus embates
tus aspas gigantes y tu mal carácter
Entonces huía para refugiarme
creyendo pudiera acaso salvarme.

Hoy rompes la noche con tu silbo agudo,
filtras mis ventanas, quiebras muchas ramas,
mas sé que en el alba se acalla tu furia
y yo con tus ruidos me duermo acunada.

¡Qué puedes quitarme si no tengo alas!
No puedes herirme dormida en mi almohada
no puedes quitarme la vida  pasada
y  tras la frontera tú no serás nada.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

¡Mar,pesada es tu carga!

   

Brazos  de argonautas te dieron bravura,
voces de mil pueblos sus tonos cambiantes,
lágrimas de madre tu dolor más rudo,
mil besos de novia precaria esperanza.
El  postrer lamento de náufrago oscuro
el aliento sordo que murió en tu entraña.
Tienes el remoto sabor de otras costas,
el impenetrable misterio  de siglos.
Así como llegan desde otras riberas
risas candorosas de felices niños.
Meces las botellas con múltiples sueños.
Acusas los rastros  de las  tempestades
y devastadores  y soberbios vientos.
De lo impenetrable de  tus brumas grises
 nos regalas fiordos, nieves y arrecifes
Desde el olvidado humo de las pipas
nos nace el extraño canto de otras aves.
Ignoramos  la fuerza que te empuja
a, viejo iracundo romperte en las rocas,
o luego cansado dormirte en la orilla.
Quizás has traído noticia esperada,
o escondes muy cauto aviso de luto.
Sueles atraparnos con el magnetismo
que siempre provoca todo lo ignorado.
¡Inmenso el bagaje de emoción que cargas
sobre tu rizado salto por los riscos!
Aspirando el acre aroma de sales
vemos los galeones, velas averiadas,
y casco partido, quietos en tu abismo.
Alguna vez ríes, y mirando al cielo
te muestras amigo, claro y limpio espejo.
Sufres el cambiante genio que se advierte
cuando  desbordado invades las playas
¡Amargo tu llanto, hondo tu martirio!
Ya sueltas las bridas, llegas en la tarde
con un ronco grito asido a las crines.


Ilusión

              

Estaba en el andén. Nada esperaba.
Tan sólo la emoción de un tren que parte.
La tarde me prestaba sus nostalgias.
El tren llegó, paró, reanudó marcha.
.
Nadie bajó. Vi alguien que subía
y yo siempre de pie sin equipaje
esperando quién sabe, todavía…
Yo era apenas un trozo del paisaje

Cerré los ojos antes que partiera
y vi al joven alegre que bajaba
Vino hacia mí corriendo y en la niebla
de sus brazos etéreos, yo lloraba

                     
                                                    

Vivir

                  
Vivir es torbellino de sueños y de luchas.
Es exprimir los jugos que la viña nos da.                  
Es amar, entregarse, es valor y aventura,
para calmar los vientos que nos producen mal.

Mas es también la vida socorrer al hermano,
sin quemar las etapas que debemos pasar.
hornear el pan fragante que amasan nuestras manos,
y en rescoldo muy tibio endulzar el hogar.

Habrá lides  internas que bullen en nosotros,
pero no es necesario salir a batallar.
El mundo necesita de mentes candorosas,
y de sabios consejos para lograr la paz.

Vivir es armonía, perfume, y esperanza,
muchos así deslizan sus días sin dudar.
El sufrido y paciente de trabajo callado,
Jamás ofrece menos que aquel que arriesga más.

¡Cuántas noches insomnes de miedos o venturas!
¡Cuántos seres amados que en silencio se van.
 la pereza, el orgullo, la indiferencia aguda,
son signos de ignorancia que debemos cambiar.

Pero donde haya calma nacerán rumbos claros,
sin acallar las voces de aquel que busca hallar
el alimento puro que dignifica el alma,
como dorado fruto del más rubio trigal.